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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 725

¡No, era imposible!

¿Cómo iba a bloquear su número? ¡Ella era su propia madre!

Negándose a aceptar que había sido bloqueada, Isidora le volvió a marcar a Alonso.

Como resultado, ¡la llamada se cortó de golpe tras un solo tono!

Isidora se quedó en shock.

Tenía el pecho agitado por la sorpresa.

Sin querer darse por vencida, le arrebató el celular a Mariela y le marcó a Alonso, pero el resultado fue exactamente el mismo.

No solo había bloqueado el número de su madre.

También había bloqueado el número de su propia hermana.

¿Qué estaba intentando hacer? ¿Qué pretendía?

Con el aire faltándole, Isidora miró a Estrella:

—¿Tú puedes contactarlo?

—Me bloqueó. ¿Qué pasa? ¿Acaso también las bloqueó a ustedes?

Isidora apretó los labios sin decir palabra.

Mariela tampoco supo qué contestar.

¡Las dos se miraron a los ojos!

En la mirada de ambas solo había desconcierto.

No podían entenderlo, ¿por qué Alonso las bloquearía a ellas?

¿Por qué...?

—¿Y de casualidad tampoco sabes adónde fue? —insistió Isidora.

—Si ni tú que eres su madre lo sabes, ¿cómo voy a saberlo yo?

Se hizo un silencio sepulcral por parte de Isidora. Su pregunta había estado verdaderamente de más.

¿Qué diablos pretendía Alonso?

¡Al final!

Isidora y Mariela ni siquiera supieron cómo lograron salir de allí.

Mariela sostenía a una Isidora que sentía que las piernas le flaqueaban:

—Mamá, ¿qué es lo que pretende Alonso?

—¡Y yo cómo voy a saberlo! ¡A mí también me bloqueó! —gritó Isidora, perdiendo el control de sus emociones.

Mariela guardó silencio.

—Ese imbécil, ¿qué es lo que intenta hacer? —continuó Isidora.

Le había entregado el Grupo Echeverría y todo el dinero de la familia a Estrella, y encima de eso no se divorciaba.

Y para rematar, ahora también había desaparecido. ¿Qué demonios estaba planeando?

Era una situación cada vez más incomprensible.

Al contemplar las imponentes puertas de la familia Echeverría, Isidora se sintió desolada.

Sentía una punzada de dolor en el corazón.

—¡De verdad que he sido una pecadora para la familia Echeverría! —dijo con profunda aflicción.

Las mujeres que se convertían en las señoras de la familia Echeverría, por regla general, siempre vivían allí.

Y cada una de ellas parecía haber resguardado ese lugar a la perfección.

¡Pero con ella todo se había perdido!

En este momento, Isidora tenía muy claro que, una vez que se mudara, sería casi imposible que pudiera volver a poner un pie en la mansión.

Mariela tomó las cosas y le pasó algunas a Isidora:

—¡Mamá, vámonos!

Ella también sentía el corazón destrozado.

¿Pero qué más daba?

Si no habían podido conservarlo, ya no había vuelta de hoja.

Unas lágrimas resbalaron por las mejillas de Isidora. Sentía una mezcla de enojo y frustración hacia Alonso, pero no podía encontrarlo.

—Una pecadora, soy una pecadora —murmuró Isidora en voz baja.

—No digas eso de ti misma —la consoló Mariela.

Al escuchar que Isidora se expresaba así de sí misma, Mariela también sintió un nudo en la garganta.

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