Callum sostenía un puro con soltura.
La tela del impecable traje remarcaba la fuerza de su cuerpo. Aun sentado y en silencio, proyectaba un aura dominante e intimidante.
Esa mezcla de rudeza con suma elegancia parecía estar hecha a su medida.
De pronto, el celular en las manos de Estrella vibró un par de veces.
Le dio la vuelta al dispositivo y le echó un vistazo a la pantalla.
Otra vez aquel número desconocido.
El mensaje, igual que los anteriores: [Marcelo no es de fiar. No te enredes con él].
¿Cuántas veces iban ya?
¿Unas tres veces, por lo menos?
Siempre le enviaba el mismo cuento, como queriendo sembrar una duda con tanta insistencia.
Un constante y molesto recordatorio.
Quizás era una forma sutil de advertirle el peligro.
Estrella frunció el ceño con disgusto.
¿Qué demonios pretendía Alonso con todo eso? Huía, dejándole un problema enorme encima, bloqueaba las llamadas como un cobarde...
Y para colmo, se dedicaba a acosarla por mensaje de texto.
El recuerdo de la llamada telefónica que sorprendió de Marcelo afuera de los baños del aeropuerto hizo que su expresión se volviera más tensa.
—¿Mensaje de Marcelo? —preguntó Callum.
—¿Eh? —se sobresaltó Estrella.
—Hace unos minutos que se despidieron —señaló el hombre con voz profunda, ocultando muy bien cualquier emoción.
Ella, al escuchar el comentario, sintió que el calor le subía a las mejillas.
—Hay que admitir que está bastante interesado en ti como para seguirte hasta Reino Unido —comentó Callum.
Estrella prefirió quedarse callada.
¿Interesado?
Antes, habría creído ciegamente que sí lo estaba.
Especialmente después de que él decidió abrirse y revelarle quién era en realidad, no le quedó la más mínima duda de su sinceridad.
Claro... si tan solo no hubiera alcanzado a escuchar su plática antes de abordar el avión.
Al ver que no respondía, Callum le dio una calada al puro.
Exhaló una lenta bocanada de humo y el tono de su voz se volvió más sombrío:
—¿Qué pasa? ¿Todavía no puedes sacarte a Alonso de la cabeza?
Volvió a negar con la cabeza.
—No hubo una gran razón. Me tragué humillación tras humillación por culpa de esa gente. Solo quería encargarme de cobrarles yo misma todo el daño.
Se guardó el secreto de que Alonso era el causante directo de la muerte de su madre.
Con su caída, la familia Echeverría ya había pagado su cuota en esta vida.
Había cosas que los Harrington simplemente no necesitaban enterarse.
Y menos mal...
De saber la verdad, no habrían descansado hasta derramar la última gota de sangre de sus enemigos.
Por más relajado que sonara su pretexto, la intensa mirada de Callum la analizó a fondo.
Ese escrutinio penetrante comenzó a hacerla entrar en pánico.
—¿Qué pasa, hermano?
—¿De verdad fue solo eso?
Ella asintió con una firmeza impecable.
—Te aseguro que sí.
Sus palabras sonaron sin vacilaciones; pero detrás de los ojos oscuros de su hermano, la sombra de la duda dejaba claro que no le había creído nada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...