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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 766

Mónica continuó hablando:

—Estrella, tú hiciste que perdiera todo. ¡Querías dejarme mendigando en las calles, pero te aseguro que eso no va a pasar!

—Voy a vivir muy bien y rodeada de lujos. ¿Qué importa si crees que me ganaste?

—Voy a usar mi vida para recordarte todos los días que tú también fuiste una fracasada. Yo misma fui testigo de cuando vivías peor que un perro callejero.

Mónica escupía cada palabra con más rabia, dejando al descubierto todo el odio que sentía.

Odiaba a Estrella con todas sus fuerzas.

Antes de conseguir esta nueva oportunidad, lo único en su cabeza era buscar la forma de sobrevivir.

Pero ahora que lo había logrado...

Lo único en lo que pensaba era en cómo aplastar a Estrella y verla caer frente a ella una vez más.

Estrella sintió cómo se le revolvía el estómago de indignación.

Escuchar que la había llamado "peor que un perro callejero" ensombreció por completo su rostro.

¿Peor que un perro callejero...?

Así que, después de casarse con Alonso, así de miserable se veía su vida a los ojos de los demás.

Mónica alzó la voz:

—¡Esto no se va a quedar así! ¡Me la vas a pagar con creces! Todo lo que me hiciste sufrir este tiempo te lo voy a devolver multiplicado.

Era evidente la furia con la que Mónica hablaba por el teléfono.

Deseaba ver muerta a Estrella, y no iba a descansar hasta conseguirlo.

Estrella respondió sin perder la calma:

—Por lo visto, la persona que te salvó tiene bastante poder, ¿no?

Para que Mónica tuviera el atrevimiento de amenazarla de esa manera, su nuevo protector debía tener unos contactos impresionantes.

De otro modo, no habría adoptado una actitud tan prepotente en este momento.

Mónica soltó con soberbia:

—¡Yo no soy una inútil como Isidora y Mariela! ¡Ya verás!

Y sin dejar que Estrella respondiera, le cortó la llamada.

Tras haber soltado aquellas amenazas, lo más probable es que ya estuviera planeando su siguiente jugada en su contra.

Estrella miró la pantalla apagada con incredulidad.

¡Esa maldita de Mónica!

¡Le había dado justo donde más le dolía! Que se lo hubiera echado en cara desde tan temprano le arruinó la mañana.

Si no descubría quién demonios estaba apadrinando a Mónica, el puro coraje no la iba a dejar dormir esa noche.

Salió de la habitación echando humo por las orejas.

Al ver a Malcolm, Estrella le exigió:

—¡Quiero que averigües quién respaldó a Mónica y lo quiero para ayer! ¡Apresúrate!

Su paciencia se había agotado. Estaba que se la llevaba el diablo del enojo.

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