Callum se fue.
Estrella suspiró. El mayordomo le pidió a una de las empleadas que le preparara un plato de pasta con el sazón típico de Nueva Cartavia.
Estrella la probó; estaba deliciosa, con un aroma increíble...
Si había algo a lo que se había acostumbrado desde que regresó a Inglaterra, era sin duda a la comida. Incluso al mediodía, cuando entrenaba afuera con Olivia, le enviaban la comida preparada por el chef de Nueva Cartavia.
Mientras comía, Malcolm entró:
—Señorita —la saludó.
—Ve a checar por qué diablos Marcelo está ayudando a Mónica —pidió ella.
Después de darle muchas vueltas, Estrella concluyó que no era buena idea preguntarle directamente a Marcelo; mejor averiguaba primero cómo estaba la situación.
Al escuchar que Estrella quería investigar eso, Malcolm se quedó helado.
—¿Dice que el señor Castañeda ayudó a Mónica?
Malcolm estaba visiblemente sorprendido.
Para él, Marcelo siempre había estado del lado de Estrella, especialmente en los asuntos relacionados con la familia Echeverría.
Por pura lógica, era imposible que ayudara a Mónica.
¿Y ahora Estrella le pedía que investigara sus motivos?
—Así es, averigua qué hay detrás de todo esto.
«Ojalá que la razón no sea algo que me decepcione», pensó.
—Entendido —respondió Malcolm.
Al recibir la confirmación de Estrella, su expresión se volvió bastante seria.
Que Marcelo ayudara a Mónica no era una buena noticia.
Aunque todavía no empezaba a investigar.
Para Malcolm, sin importar el motivo, Marcelo no debería haberla ayudado bajo ninguna circunstancia.
Estrella se terminó la pasta.
Apenas subió las escaleras.
Recibió una llamada de Mónica.
Al otro lado de la línea, el tono de Mónica seguía siendo provocador:
—Ahorita debes estar que te lleva el diablo de coraje conmigo, ¿verdad? ¿No te mueres de ganas de matarme?


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!