Entrar Via

¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 798

¿Por qué ahora quería ayudarla a salir de su lío?

Al escuchar las palabras de Estrella, Mónica estalló de coraje:

—¡Cállate el hocico! Estrella, tú que no tienes ni padre ni madre, ¿qué vas a saber? ¡No entiendes absolutamente nada!

A Estrella se le borró la sonrisa.

Ese comentario le había caído en la punta del hígado. Sin ganas de seguir escuchando los berrinches de Mónica, le colgó la llamada directamente.

Luego le marcó de nuevo a Malcolm, quien respondió de inmediato:

—Señorita.

—Averigua lo más pronto posible por qué Marcelo está ayudando a Mónica.

No quería esperar ni un segundo más.

Definitivamente había bajado la guardia.

Haber permitido que Mónica resurgiera de las cenizas no era algo que hubiera planeado, ni mucho menos lo que deseaba.

Si Mónica había logrado conseguir el apoyo de Marcelo estando tan arrinconada.

¿Qué estaría pasando con Isidora Becerra y Mariela Echeverría?

—Entendido —dijo Malcolm.

Estrella agregó justo después:

—Y mantén vigiladas a Isidora y a Mariela.

—Sí.

Malcolm entendió perfectamente por qué lo pedía.

Si Marcelo ya estaba ayudando a Mónica, nada garantizaba que no fuera a meter las manos en los asuntos de Isidora y Mariela.

Ese señor Castañeda era un misterio, no se sabía qué mosca le había picado.

A esas alturas, Malcolm ya no entendía cuáles eran sus intenciones.

Cuando estaban en Nueva Cartavia, siempre parecía estar del lado de Estrella, pero ahora sus acciones no tenían pies ni cabeza.

Tras colgar, Estrella se quedó con un nudo en el pecho.

Marcelo, Marcelo...

¿Por qué lo había hecho?

Recordar la actitud arrogante de Mónica en la llamada solo consiguió irritarla más.

***

Por otro lado, con Marcelo.

Eduardo se acercó por detrás.

—Señor.

—¿Qué pasa?

—La señorita Robles probablemente ya se dio cuenta de que usted ayudó a la señorita Galindo.

Sin embargo, su actitud hacia él había sido la misma de siempre, sin mostrar la más mínima señal de que algo anduviera mal.

Aquella mujer sí que sabía ocultar sus emociones.

Una sonrisa mezcla de ternura y resignación se dibujó en los labios de Marcelo...

—Entonces, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Eduardo.

Eso no pintaba nada bien.

Si Estrella descubría la verdad, la confianza que Marcelo tanto había batallado por construir se vendría abajo en un instante.

—Pues, si ya está husmeando, lo justo es dejar que encuentre algo, ¿no crees?

—¿A qué se refiere?

Apenas hizo la pregunta, Eduardo captó al instante lo que debía hacer.

Antes de que Marcelo respondiera, asintió:

—Entendido, lo organizo ahorita mismo.

—Ve.

Marcelo cerró los ojos, dejando que el humo del cigarro que sostenía entre los dedos se elevara lentamente.

Eduardo se retiró.

Al quedarse a solas, el hombre abrió los ojos. Su mirada oscura se volvió aún más impenetrable...

Nadie habría podido adivinar qué intenciones ocultaba realmente bajo aquella expresión.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!