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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 800

En ese momento, Marcelo sentía unas ganas inmensas de hacer pedazos a Alonso.

El tipo era como un fantasma que se negaba a desaparecer...

Ya era bastante grave que en su momento usara trucos tan sucios para casarse con Estrella, ¿y ahora salía con estas ridiculeces?

¿Quién se creía que era?

Lo suyo con Estrella ya no tenía salvación...

¿Por qué le costaba tanto aceptarlo?

—La situación está bastante complicada —reportó Eduardo—. Amos ya hizo contacto con Hans. Y como Amos no ha dejado de proteger a Alonso, nuestra gente no ha encontrado el momento para actuar.

¿El momento? ¿El momento para qué?

¡Obviamente... el momento de asesinar a Alonso!

La poca paciencia que Marcelo tenía con el matrimonio de Estrella y Alonso se había agotado por completo.

¿Así que el infeliz no quería firmar el divorcio?

Muy bien... entonces se encargaría de dejar a Estrella viuda.

—¡Ja!

Al enterarse de que Amos estaba cubriendo a Alonso, a Marcelo se le escapó una risa burlona.

—Seguro Alonso todavía no sabe quién es Estrella en realidad, ¿verdad? Por algo se está juntando con Amos.

Era un hecho que Callum detestaba a Amos a muerte.

Si Alonso se codeaba con él, básicamente se estaba echando encima al hermano de Estrella.

De por sí, sus posibilidades de recuperar a Estrella eran nulas.

Y ahora le daba por aliarse con Amos y su pandilla en contra de la familia Harrington.

Por no mencionar la presencia de Hans...

Si a Amos no lo bajaba de enemigo mortal, a Hans de plano quería hacerlo picadillo.

—O a lo mejor sí lo sabe —opinó Eduardo—, a fin de cuentas no están en Nueva Cartavia.

Los idiotas de Nueva Cartavia nunca pudieron rastrear la verdadera identidad de Estrella.

Pero ahora la situación era distinta...

Estando en Mar de Ámbar, era casi seguro que Amos y Hans ya supieran exactamente quién era ella.

Marcelo entornó los ojos.

—¿Y aún a sabiendas de quién es Estrella decidió juntarse con esa escoria?

—Ahí sí, quién sabe qué pase por la cabeza de Alonso.

Si no lo sabía, haberse metido con esa gente era el clavo en el ataúd de su matrimonio.

—¡Hasta que llegas! ¡No pude detenerla para nada!

—¿Cuál es la situación ahorita?

—Ya la están preparando para la cirugía —le informó.

¡Vaya que Violeta era terca!

En toda la mañana, no le había importado un comino lo que Daniel le dijera; se lanzó derechito al hospital.

Se movía con la prisa de quien buscaba entrar al quirófano para abortar antes de que Renato se apareciera.

Escuchar eso hizo que Renato perdiera la cabeza.

Salió corriendo como alma que lleva el diablo hacia la zona de quirófanos.

—¿Y por qué diablos no la paraste? —le reclamó a gritos mientras corría.

—¿Pues cómo querías que lo hiciera? ¿Agarrándola a la fuerza para que no avanzara?

Tratándose del respeto entre hombres y mujeres, él no iba a andar forcejeando con ella.

El favorcito que le había pedido Renato sí que lo había puesto en una posición muy incómoda.

Renato le lanzó una mirada furiosa.

—¡Solo te estoy diciendo la verdad! —se defendió Daniel.

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