Renato se largó.
La herida de Adara ya estaba curada; de hecho, el corte no era nada profundo.
Incluso cuando hablaba, el dolor apenas y se sentía.
Al quedarse a solas, Palmira le preguntó a Adara:
—¿Qué tal? ¿Esa mujer ya entendió que debe retirarse?
—Tiene un carácter muy fuerte, dudo que pueda reconciliarse con Renato. Ya puede estar tranquila —respondió Adara.
Aunque el enfrentamiento había sido breve.
Adara se había dado cuenta de que Violeta no era alguien que se dejara pisotear.
Con la actitud que la familia Ibáñez tenía hacia ella, con o sin su intervención, era seguro que le armaría un buen berrinche a Renato.
Palmira asintió, muy satisfecha.
—Qué bueno que tenga un carácter fuerte. Que le arme un escándalo a Renato, que peleen con ganas.
Mientras peor fuera el pleito, mejor.
Al fin y al cabo, los hombres —especialmente los que crecían en familias como la suya— no carecían de nada.
¡Siempre esperaban que la mujer que tenían a su lado fuera obediente!
Tal vez al principio, cuando mostraban rebeldía, les parecía novedoso.
Pero si los pleitos eran demasiados constantes, Renato perdería la paciencia, ¿y la ruptura con Violeta no sería entonces la conclusión lógica?
—Lástima que te tocó sufrir a ti. ¿Cómo fue que te lastimó?
Era evidente que Palmira tampoco se tragaba el cuento de que Adara había chocado por accidente contra el cuchillo.
¡Y que Violeta se hubiera atrevido a usar un arma...!
Con semejante geniecito, de seguro que esta vez se armaría un pleito enorme con Renato.
—Fue solo un descuido, es un rasguño, señora. No se preocupe —aseguró Adara.
—¿Cómo no me voy a preocupar? ¡Te lastimaron la cara! ¿Qué dirán tus papás...?
—Tranquila, señora, ellos están en el extranjero y no se van a enterar. De todos modos no pensaba viajar por ahora.
La prudencia de Adara dejó a Palmira todavía más encantada.
—Ay, mi niña, qué injusto es esto para ti.
Adara negó con la cabeza y, recordando el embarazo de Violeta, cambió de tema:
—Sobre el bebé que espera Violeta, ¿de verdad usted...?
—¡A nuestra familia no le interesa un hijo que venga de una mujer como ella!
[¡Contesta!]
Una sola palabra, pero a través de la pantalla casi podía sentir cómo Renato rechinaba los dientes.
Finalmente, Violeta atendió la llamada.
—Dime, ¿cómo planeas ajustarme las cuentas? —preguntó Violeta con una risa sarcástica.
Tanto que decía que no pasaba nada con Adara.
Y ahora que la princesita estaba herida, ¿la trataba de esa manera?
—¿Dónde estás? —exigió Renato.
—¿Quieres que te pague los gastos médicos? Dime cuánto es y te lo transfiero, no hace falta que nos veamos.
Hoy en día los teléfonos eran una maravilla; todo se podía arreglar por ahí.
—¡No me obligues a buscarte por las malas! —advirtió él.
No tenía ninguna intención de hablar las cosas a distancia.
Se hizo un silencio incómodo por parte de Violeta.
Al escuchar el tono tajante y helado de Renato, sintió que el corazón se le hundía en el pecho.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...