Chloe no podía creer que el hombre que tenía en frente era su esposo, el poderoso Ceo Dante Montenegro, ese hombre que compro su primera vez, que le dio una buena cogida, era su esposa Dante Montenegro y ahora había pagado de nuevo para cogérsela.
- No te quedes ahí parada – Dijo Dante.
Chloe se obligo a hundir las uñas en las palmas de sus manos, para no gritarle, para no lanzarse contra él y golpearlo, reprocharle todo lo que le ha hecho, pero ella lo sabía revelar quien era, era su perdición, Dante se encargaría de hundirla en la sociedad.
- Ven – Ordeno con una torcida sonrisa en sus labios.
Chloe obedeció, camino lentamente hacía él, no lo sabía, Dante no sabía quien a que había comprado anoche y ahora, era su esposa de papel, la insípida mujer a la que ha dejado que se seque en aquella solitaria mansión.
Para él, ella solo era la mujer por la que había pagado para noche.
Dante devoró con la mirada la silueta que tenía frente a él, sentía como la sangre se acumulaba en la entrepierna, ella tenía unas tetas grandes y pesadas, una cintura diminuta que acentuaba la anchura de sus caderas y ese culo redondo que sería el centro de sus pensamientos más sucios y piernas largas, potentes, hechas para aguantar cualquier embestida.
Chloe se sintió acalorada ante la mirada de Dante, no podía evitarlo, aunque fuera un miserable patán infiel, debía admitir que era sexy y cogía delicioso, además ya estaba ahí, él pagaba por tenerla de nuevo, entonces, ¿Por qué no disfrutarlo? Después de todo, Dante no se había dado cuenta de quien era realmente ella.
Sin decir una sola palabra, ella se quitó el albornoz, lo miraba a los ojos, él no dejaba de devorar sus senos, así que continúo con esa preda, dejando que sus tetas grandes y pesadas quedaran libres.
Dante lamió sus labios, eras los mejores senos que había visto en su vida, moría por devorarlos, morderlos, reclamarlos.
Chloe se rendía por completo bajo la ferocidad de Dante, cada embestida la obligaba a arquearse, sentía sus nalgas ser aplastadas contra la pelvis de él.
- Es tan grande…- Pensó ella, hundiendo su rostro en las sábanas, mientras un gemido se escapaba de ella.
No podía negarlo, le encantaba la sensación de ser reclamada con esa posesividad, su esposo, el hombre que pago por acostarse con ella, pensando que es solo una prostituta, estaba volviéndose loco cogiéndola, la reclamaba con tanta violencia, que le hacía sentirse deseada.
La suavidad de sus glúteos amortiguaba su ritmo salvaje, sintiendo que él estaba por estallar, empujo su trasero hacia atrás con más fuerza, buscando que sus embestidas fuera más profunda y brutal, quería sentir todo su grosor golpeando sus paredes. Por fin se sentía satisfecha por el hombre que la había ignorado en su propia casa y ahora la devoraba como si su vida dependiera de ello, tal vez sonaba ridículo, estúpido, pero sentía que era la venganza perfecta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Prostituta de Lujo. Esposa de Papel
Es una novela muy buena, y lo que más me gusto es que es corta....