Capítulo 309
Chloe se cubrió el vientre con las manos temblorosas. Aprovechando el momento de sorpresa de Arango, se apartó de él de un salto, pero él reaccionó de inmediato; corrió hacia ella, la jaló del cabello con violencia y la arrastró hasta una camilla cercana.
- ¡Ahora mismo sacaremos a ese bastardo de ti!
-gritó Arango con rabia. Toda su venganza se centraba ahora en acabar con la descendencia de Dante Montenegro.
Chloe lo miró horrorizada. No podía dejar que dañaran a su hijo; metió la mano al bolsillo de su saco, empuñó con fuerza el tacón que Luka le había entregado anteriormente y respiró hondo.
Julián tomó un bisturí de una bandeja metálica y se acercó a ella con una mirada desquiciada.
Chloe tragó saliva y, en cuanto lo tuvo lo suficientemente cerca, no dudó en clavarle el tacón en la mejilla con todas sus fuerzas.
- ¡Maldita zorra! -gritó Arango, retrocediendo por el impacto.
Se llevó la mano a la cara con desesperación: el tacón se había quedado clavado en su mejilla y la había atravesado por completo, desgarrando la carne hasta llegar al interior de la boca, provocando que la sangre comenzara a brotar a borbotones entre sus dedos.
Chloe empezó a temblar sin poder apartar la mirada de él. Trató de bajarse de la camilla a toda prisa, pero Julián dio un paso furioso hacia ella.
Aún tenía el bisturí en la mano y lo lanzó en un tajo ciego; Chloe levantó un brazo por puro instinto y, por fortuna, la tela gruesa del chaleco logró protegerla en ese momento, deteniendo el filo.
- ¡Dante! ¡Dante! -gritó ella desesperada, con las lágrimas corriendo por sus mejillas.
Julián Arango levantó la mano con el bisturí; esta vez ya ni siquiera le importaba acabar con la vida de Chloe. Ella cerró los ojos con fuerza, encogiéndose para cubrir su vientre con ambas manos y esperar el golpe.
Dante entró justo en ese instante. No lo pensó ni una sola vez y se lanzó como una bestia contra Julián Arango. Le atrapó el brazo con el que sostenía el bisturí y lo lanzó contra el suelo con una fuerza brutal.
Dante se posicionó sobre él, con los ojos inyectados en sangre y la respiración agitada por el efecto de la droga. Comenzó a golpearlo en la cara con los puños cerrados, descargando impactos directos que rompieron la nariz y la mandíbula de Arango en pocos segundos.
Julián intentó cubrirse la cabeza con los brazos, pero la fuerza de Dante destrozaba cualquier bloqueo, fracturándole también los dedos y los antebrazos. La sangre salpicó el suelo y las manos de Dante.

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