Cristina se quedó paralizada. No contaba con que Natalia sacaría a relucir a su hijo de repente.
—Él... él tuvo que salir del país por negocios... —intentó justificarse Cristina.
—Entiendo perfectamente que tenga que estar ocupado con su trabajo. Así que le pido que también entienda si a mí, en mi papel de madre, se me pasó un pequeño detalle por andar mortificada con mi hija. —Natalia había logrado darle la vuelta a la situación, apagando las ganas de pelear de Cristina de golpe.
Sintiéndose expuesta y sin argumentos.
Natalia se tranquilizó un poco y añadió, con un tono más firme:
—Señora Cristina, si vino a ver a Irita, ella está descansando en el cuarto. Pero si su única intención es venir a echarme la culpa de las cosas, vayamos a discutirlo a otro lado. No hagamos escándalos para dejar dormir a la niña.
Cristina claramente no estaba preparada para una respuesta tan tajante. Finalmente, cedió:
—Vamos a ver a la niña primero. Me tenía preocupadísima.
Las dos mujeres entraron a la habitación una detrás de la otra. Luca y su hija estaban sentados en la cama, concentrados en la pantalla del celular de él. Luca le había puesto un juego de vestir a una princesa, y la pequeña estaba completamente inmersa.
—¡Mamá! ¡Abuela! Miren cómo le puse su ropa a la princesa —les presumió Iria con mucha alegría al notar la presencia de las personas que más quería.
Cristina acomodó algunos alimentos y los juguetes que le había traído a la niña, y se aproximó.
—Irita, de todos modos no deberías estar pegada al teléfono. Tienes que cuidarte los ojos.
Iria se apresuró a refugiarse bajo el brazo de Luca y se acomodó para seguir jugando.
Luca le replicó con paciencia:
—Mamá, ella ya me prometió que solo iba a jugar por quince minutos.
Sabiendo que su hija ya estaba bajo el cuidado de los demás, Natalia decidió sentarse en el sofá del rincón. En cuestión de minutos, se quedó profundamente dormida abrazando un saco.
Al verla caer en el sueño tan rápido, Cristina asumió que, después de pasar tantas horas seguidas en vela, de verdad estaba exhausta, por lo que su propio coraje empezó a esfumarse.
Luca echó una mirada hacia el sillón, se quitó su abrigo negro y se lo acomodó cuidadosamente a Natalia por encima.
Natalia dormía tan plácidamente que no percibió en lo más mínimo que alguien la había arropado. Lo único que notó fue aquel inconfundible y fresco aroma a pino que había sido su refugio por tanto tiempo, así que por instinto se acurrucó con más fuerza en la tela y se acomodó.
Luca observó la reacción de la mujer y las comisuras de sus labios esbozaron un tenue gesto.
Dentro de la elegante habitación del hospital, Luca se paseaba luciendo únicamente un suéter negro de cuello alto. Aunque Cristina había llevado provisiones, Iria casi no había probado bocado y su falta de energía la hizo acurrucarse junto a Luca hasta quedarse dormida de nuevo.
Al ver que los dos adultos y la menor habían cedido ante el sueño, Cristina no tuvo más remedio que regresar a su casa por el momento.
Sin embargo, apenas había bajado al vestíbulo, vio acercarse a Liliana, quien venía cargando unas bolsas.
Liliana también se percató de la presencia de Cristina, y fue en ese instante en que la cordialidad de consuegras forjada con los años pareció desvanecerse de inmediato.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo