—Debe de ser súper pesado el trabajo de revisión del Proyecto Nexo. Supe que te metieron al comité, así que, ¡ánimo! Seguro sacas todo a flote con excelentes resultados.
—Es parte del trabajo.
Tras esa respuesta cortante, Natalia se dio la media vuelta y siguió su camino hacia la sala de juntas.
¡Justo antes de la hora de salida!
Natalia recibió una llamada de Luca:
—Ya pasé por Irita, vamos para la mansión de la familia. La abuela nos convocó a todos para cenar. Date una vuelta por acá en un rato.
Natalia pensaba inventarse alguna excusa, pero como su hija estaba ahí, no tuvo más remedio que aceptar.
Para cuando anocheció, cayó una pequeña llovizna que hizo el aire mucho más frío y húmedo.
Natalia se puso un abrigo color beige y cruzó la puerta principal de la casa.
Los enormes candelabros de cristal iluminaban la lujosísima sala. Sin embargo, por culpa de la reciente pérdida de uno de sus familiares, el lugar entero se sentía triste y lúgubre.
Natalia llegó un poco tarde, por lo que la larguísima mesa del comedor ya estaba llena de la cena.
La abuela ocupaba la cabecera. A su derecha, en el asiento de honor, estaba sentado Luca con Irita en las piernas. También estaban su suegra, Cristina Torres, y un par de tíos y tías por parte de los parientes más lejanos.
Sentada sobre su papá, Irita comía en pequeños bocaditos el platillo que le habían preparado, mientras paseaba sus grandes ojos negros, observando a todos con curiosidad.
En la cena de esa noche, Denisa no apareció.
Su ausencia parecía gritar una declaración en silencio.
Todos cenaron platicando un poco sobre temas de trabajo y sobre el clima.
La abuela soltó la cuchara, se limpió las comisuras de los labios con la servilleta y dijo:
—Ya mandé a arreglar el papeleo para mandar a Denisa fuera del país. El próximo viernes, le encargaré al mayordomo que la lleve al aeropuerto. Todo ya quedó preparado en el extranjero…
La tensión en el aire se volvió sofocante. Varios familiares intentaron opinar pero mejor no dijeron nada.
En ese momento, Irita se bajó de las piernas de su papá de un brinco. Corrió con Natalia e hizo un puchero:
—Mami, quiero carnita.
—Abuela, lo dices con seguridad, pero yo no me lo creo. —Luca esbozó una sonrisa fría—. Si de verdad te importara, deberías apoyarla ahora que más necesita consuelo. Tienes que ayudarla a salir de esto como la familia que somos, no echarla.
—Ya, Luca, no te pongas a pelear con tu abuela —intervino Cristina para calmar los ánimos.
Luca miró a su madre y le reclamó:
—Mamá, tú siempre decías que Denisa era casi como tu propia hija. Con lo que le está pasando, ¿no crees que deberías decir algo al respecto?
—Tú mejor guarda silencio y ya —le soltó Cristina a su hijo menor, fulminándolo con la mirada.
El rostro de Luca se mantuvo impasible.
Ante el ambiente tan tenso, los familiares lejanos no se atrevieron a decir nada.
Toda la vida, las decisiones importantes de los Torres habían estado en manos de los hermanos. Pero ahora que Adrián había muerto de un día para otro, la palabra de Luca en el grupo empresarial era ley.
—Luca, ¿qué estupideces estás diciendo? —La posición de la abuela en esa casa era intocable; todos los asuntos pasaban por ella. Era la primera vez que su nieto le contestaba en público y se sentía avergonzada.
—Abuela, sé perfectamente lo que estoy diciendo. —Luca no retrocedió ni un centímetro. Incluso se inclinó un poco hacia el frente, con una actitud aún más firme y decidida.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo