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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 13

—Denisa es la esposa legítima de Adrián. Ha vivido con la familia Torres por más de diez años y es parte de nosotros. Ahora que Adrián no está, tenemos la responsabilidad de cuidarla.

Él hizo una pausa, recorrió la mesa con la mirada deteniéndose un instante en el rostro de cada persona, y habló con un tono más suave, pero que no admitía réplica:

—Ya tomé una decisión. Denisa se queda en el país. Puede quedarse en la casa familiar o mudarse, ella decide. Su puesto en Altium Médica no cambia. Si la abuela sigue en contra, de ahora en adelante todos los gastos de Denisa correrán por mi cuenta.

Natalia cuidaba a su hija en silencio. Le estaba limpiando la boquita con una servilleta, pero las palabras firmes del hombre hicieron que sus movimientos se volvieran lentos.

Para impedir que Denisa se fuera, no dudó en desafiar abiertamente la autoridad de la abuela. Es más, su última frase dejaba clarísimo que la había tomado bajo su protección.

Josefa palideció del coraje y lo señaló con el dedo.

—¿Ahora tú eres el que manda en esta casa? ¿Acaso quieres matarme de un coraje?

El tono de Luca se suavizó, pero su postura fue inamovible.

—Abuela, en los asuntos de la casa la última palabra siempre la tendrá usted. Pero la situación de Denisa involucra a la empresa. Le pido que me perdone, pero no puedo obedecerla en esto.

Un silencio sepulcral invadió el comedor. Josefa miraba con furia a su nieto, hasta que Cristina intervino en el momento justo para calmar la situación.

—Mamá, Adrián acaba de fallecer. Desde el cielo, a él tampoco le gustaría ver que traten así a Denisa.

Luca apretó la copa en su mano, bebió de un solo trago el vino tinto que le quedaba y tragó saliva. Bajo la luz, las facciones de su perfil se veían sumamente duras y frías.

—Papá, no te pelees con la bisabuela, por favor... —sollozó la niña—. Tengo miedo.

Iria, que siempre había sido tratada con el mayor de los cuidados, se echó a llorar por el ambiente tan tenso. De repente, saltó de su silla y se arrojó a los brazos de Luca, aferrándose a su camisa con sus manitas.

—Ya acabé de comer. Papá, llévame arriba a jugar.

Luca levantó a su hija con mucha ternura y se dirigió a todos en la mesa:

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