—Denisa es la esposa legítima de Adrián. Ha vivido con la familia Torres por más de diez años y es parte de nosotros. Ahora que Adrián no está, tenemos la responsabilidad de cuidarla.
Él hizo una pausa, recorrió la mesa con la mirada deteniéndose un instante en el rostro de cada persona, y habló con un tono más suave, pero que no admitía réplica:
—Ya tomé una decisión. Denisa se queda en el país. Puede quedarse en la casa familiar o mudarse, ella decide. Su puesto en Altium Médica no cambia. Si la abuela sigue en contra, de ahora en adelante todos los gastos de Denisa correrán por mi cuenta.
Natalia cuidaba a su hija en silencio. Le estaba limpiando la boquita con una servilleta, pero las palabras firmes del hombre hicieron que sus movimientos se volvieran lentos.
Para impedir que Denisa se fuera, no dudó en desafiar abiertamente la autoridad de la abuela. Es más, su última frase dejaba clarísimo que la había tomado bajo su protección.
Josefa palideció del coraje y lo señaló con el dedo.
—¿Ahora tú eres el que manda en esta casa? ¿Acaso quieres matarme de un coraje?
El tono de Luca se suavizó, pero su postura fue inamovible.
—Abuela, en los asuntos de la casa la última palabra siempre la tendrá usted. Pero la situación de Denisa involucra a la empresa. Le pido que me perdone, pero no puedo obedecerla en esto.
Un silencio sepulcral invadió el comedor. Josefa miraba con furia a su nieto, hasta que Cristina intervino en el momento justo para calmar la situación.
—Mamá, Adrián acaba de fallecer. Desde el cielo, a él tampoco le gustaría ver que traten así a Denisa.
Luca apretó la copa en su mano, bebió de un solo trago el vino tinto que le quedaba y tragó saliva. Bajo la luz, las facciones de su perfil se veían sumamente duras y frías.
—Papá, no te pelees con la bisabuela, por favor... —sollozó la niña—. Tengo miedo.
Iria, que siempre había sido tratada con el mayor de los cuidados, se echó a llorar por el ambiente tan tenso. De repente, saltó de su silla y se arrojó a los brazos de Luca, aferrándose a su camisa con sus manitas.
—Ya acabé de comer. Papá, llévame arriba a jugar.
Luca levantó a su hija con mucha ternura y se dirigió a todos en la mesa:
—Depende de lo que ella decida. No tengo nada más que decir.
La postura neutral de Natalia no les dio motivos para criticarla. Después de todo, ante los ojos de la familia, ella siempre había sido así: una mujer tranquila, discreta, que rara vez mostraba sus emociones y evitaba problemas.
Al terminar la cena, Natalia se quedó a dormir en la casa familiar. Le dio un baño a su hija, la pequeña jugó un rato en la cama y luego se metió bajo las cobijas hasta quedarse dormida.
Natalia escuchó pasos en el pasillo. Sintió un vuelco en el pecho, pero enseguida notó que se dirigían hacia el despacho.
Esa noche, Natalia sintió que su futuro estaba lleno de incertidumbre; de pronto había muchas cosas que ya no podía comprender con claridad.
Jamás se había dado cuenta de que Luca tuviera un instinto protector tan fuerte hacia Denisa.
Lo ocurrido esa velada le hizo sentir que el hombre que dormía a su lado era un completo desconocido, alguien totalmente inescrutable.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo