—Para la próxima no andes dándole a la niña comida chatarra —le advirtió Natalia, muy seria.
Luca frunció el ceño, molesto:-
—Sí, ya entendí.
—¿Y Denisa? —preguntó Natalia por su cuñada.
Luca le contestó:
—Denisa dijo que tenía unos pendientes, así que la fui a dejar a su casa después de recoger a la niña.
Natalia frunció el ceño casi de forma imperceptible al escucharlo llamarla por su nombre de pila con tanta confianza.
Aunque ya lo había escuchado llamarla así antes, por alguna razón hoy le pareció muy irritante.
—Mami, hace mucho que no vamos a cenar juntos, quiero ir a un restaurante —Iria se colgó del cuello de Natalia haciéndole un berrinche tierno.
Natalia no quería desanimar a su hija, así que aceptó:
—¡Está bien!
En ese preciso instante, le entró una llamada a Luca. Se apartó un poco para contestar.
Unos minutos después, regresó con una expresión indescifrable y le dijo a Natalia:
—Hubo un problema con Denisa, tengo que ir a checar qué pasó. Llévate a Irita a cenar al restaurante que reservé, yo las alcanzo en cuanto termine de arreglar el asunto.
Natalia se quedó helada. Antes de que pudiera soltar media palabra, el hombre alto ya se había dado la vuelta y se había subido al carro.
El Bentley negro se incorporó al tráfico.
—Agh, mi papá ya se volvió a ir —se quejó Iria cruzándose de brazos, enojada porque se fue sin despedirse.
Al ver a su hija toda emberrinchada, a Natalia no le quedó más remedio que consolarla con dulzura:
—Tu papá tuvo una emergencia del trabajo, pero te prometo que en cuanto termine viene a cenar con nosotras.
Iria asintió con su cabecita.
Luego, agarró de la mano a Natalia:
—Mami, ya vámonos a cenar, me muero de hambre.
Natalia se quedó mirando la avenida llena de carros.
Sentía como si tuviera una piedra enorme en el pecho que no la dejaba respirar.
Era cierto que Denisa acababa de enviudar y a lo mejor necesitaba mucho apoyo.
Luca no había regresado a dormir.
A Natalia se le había espantado el sueño. Se puso un suéter, bajó las escaleras y se sirvió media copa de vino tinto en la cantina de la sala.
De cara al público, ella y Denisa eran las cuñadas modelo de la familia Torres. Ambas venían de buenas familias y tenían trayectorias profesionales muy parecidas.
Natalia provenía de una familia de médicos y había sido discípula de una eminencia en su campo. Tras casarse con un Torres, entró al equipo de investigación y desarrollo de Altium Médica, enfocándose en la combinación de la herbolaria con la medicina moderna.
Denisa, por otro lado, tenía un doctorado en bioquímica por una universidad prestigiosa en Estados Unidos y un currículum impecable. Era el gran orgullo forjado por la familia Torres.
Hace cuatro años, cuando regresó del extranjero, le dieron directamente el puesto de investigadora principal en el centro de desarrollo de medicamentos oncológicos y formulaciones innovadoras de Altium Médica.
Una innovaba en los tratamientos naturales y la otra creaba tecnología médica de punta.
Esa era la gran apuesta de los Torres para dominar el mercado del futuro; una de las áreas que más cuidaba la familia.
Natalia sacó su celular, abrió los contactos y dejó el dedo sobre el nombre de Luca.
Se tomó el vino de un trago, se mordió el labio y terminó marcándole.
A los dos tonos, alguien contestó.
—¡Nati! —se escuchó la voz suave de Denisa, hablando en un susurro intencionado.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo