Valeria Figueroa sonrió al recibir el dinero e inmediatamente le transfirió quinientos mil pesos a Luisa.
—Luisa, después de tirar esas cosas, fíjate qué artículos de necesidad básica hacen falta y cómpralos todos. Puedes quedarte con el dinero que sobre.
—Pero...
¡Quinientos mil pesos no era una cantidad pequeña!
Luisa sentía cierto temor de aceptarlos.
—Señorita Valeria, mejor vaya usted a comprarlos. No sabría en qué gastar tanto dinero si me lo da a mí.
Valeria se echó a reír, resplandeciente como una flor abriéndose.
—¿Cómo no vas a saber en qué gastarlo? Solo mira qué falta y elige lo más caro. Si sobra algo, te lo quedas. Le diré al señor que yo te pedí que lo hicieras.
Se acarició la barbilla.
—Y todas estas cosas que vamos a desechar ya no me sirven. Si crees que puedes darles algún uso... pide que vengan a llevárselas, Luisa.
Aunque decían que eran cosas viejas, en realidad parecían casi nuevas.
Además, ¿qué cosa en Villa La Jacaranda podría ser barata?
Incluso si las vendiera en un mercado de segunda mano, valdrían bastante dinero.
Los ojos de Luisa brillaron con intensidad. Sin palabras, solo pudo agradecerle una y otra vez.
—Te dejo para que sigas con tus cosas. Si necesitas ayuda para mover algo pesado, pídele a la administración que te mande a alguien.
Valeria sonrió y fue al vestidor a cambiarse de ropa.
Haber irrumpido de manera tan repentina en el territorio de un hombre sin duda lo haría sentir invadido desde cierta perspectiva.
Pero con Luisa era diferente. Ella llevaba años trabajando ahí e incluso conocía parte de las relaciones personales de Alejandro Silva; llevarse bien con ella no podía ser un error.
Valeria tomó un taxi y llegó a la empresa justo a las nueve.
Al terminar la reunión matutina, Camila le dio el reporte habitual de su agenda para el día.
—Señorita, el anuncio que estábamos haciendo ya terminó de grabarse. Los organizadores planean hacer una fiesta para celebrar el éxito y quieren invitarla. ¿Desea ir?
—¿Ir?
Pero en ella, todo encajaba a la perfección. Su largo cabello negro con ondas caía sobre sus hombros, resaltando su tez luminosa y su figura espectacular, destilando sensualidad a cada paso.
El primero en reaccionar fue el Director Leonel, quien se acercó sonriente a estrecharle la mano.
—Siempre escuché que la jefa de Estrella Media era una mujer hermosísima, pero verla en persona supera todas las expectativas... Oiga, ¿no le interesaría incursionar en el mundo del espectáculo?
Valeria rio con naturalidad y suspiró fingiendo lástima.
—Tengo un carácter bastante difícil, creo que no sobreviviría en la industria.
—Eh, no diga eso —el director pensó que aún había oportunidad y agitó la mano restándole importancia—. Cuando alguien es tan atractiva, todo lo que hace está bien. Y usted, señorita Figueroa, está más que perfecta.
Con un rostro como el suyo, si de verdad entrara al mundo del espectáculo, causaría sensación desde el primer día, incluso sin tener que actuar en ninguna obra.
Valeria negó con la cabeza.
—Director Leonel, me está halagando demasiado.
Ambos comenzaron a caminar hacia adentro cuando, de pronto, una voz inoportuna se hizo escuchar:
—¿No es solo una coja? ¿Qué tiene de especial?

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