Al ver la expresión de incredulidad en el rostro de Humberto Figueroa, Valeria le habló con total seriedad:
—Papá, después de todo, soy tu hija. ¿Cómo podría soportar verte trabajar hasta el cansancio? Es solo un movimiento de fondos, no tengo ningún problema con eso.
Su mirada era profunda, y pronunció cada palabra con lentitud.
—Como tú siempre dices, nunca harías nada para perjudicarme, ¿verdad?
Quizás fue esa última frase la que tocó una fibra sensible, porque Humberto asintió repetidamente.
—Muy bien, entonces te dejaré este asunto a ti. Entre padre e hija debería haber más confianza... Vale, por favor, no me decepciones.
Valeria sonrió sutilmente.
—Déjamelo a mí. No te preocupes.
*Me encargaré de que te arrepientas toda tu vida.*
—
Al día siguiente, Valeria llegó temprano a la empresa.
Camila llevó a la oficina los documentos que habían enviado del Grupo Figueroa.
—Directora, el Presidente Figueroa mandó esto. Espera que los firme para que se los lleven de vuelta.
—¿La persona que los trajo sigue afuera?
—Sí.
Valeria levantó una ceja y, sin prisa, abrió la carpeta.
Adentro había un acuerdo de transferencia de activos completamente abusivo. No solo exigía parte de las acciones a su nombre, sino que también pedía que DR inyectara trescientos millones en efectivo al Grupo Figueroa bajo el pretexto de una recapitalización.
Humberto Figueroa... Vaya descaro.
La estaba tratando como a su peor enemiga.
Cuando su madre le dejó esta empresa, el testamento estipulaba claramente que, al cumplir la mayoría de edad, Valeria heredaría el 45% de las acciones y asumiría la dirección.
Humberto solo poseía el 35%. Si a eso se le sumaba lo que pedía en ese documento...
Valeria perdería el control total de su propia compañía.
¿Acaso pensaba que, como de todas formas iba a ceder su corazón para salvar a Rosalía, debía arrebatarle todo antes de que eso pasara?
Su avaricia era repulsiva.
Valeria apretó una esquina de la hoja con tanta fuerza que las yemas de sus dedos temblaban ligeramente.
—¿Directora? —la llamó Camila con cautela—. ¿Va a firmar este documento?
—...Sí, lo firmaré.
*Claro que lo haré.*
Valeria esbozó una sonrisa fría, guardó el documento y habló con voz ronca.
—Ve y dile a su asistente que ahora mismo estoy ocupada. Cuando lo haya firmado, yo misma se lo llevaré al Grupo Figueroa. El presidente no lo culpará.

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