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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 125

—Alejandro.

El tono de Valeria era pausado, pero con un toque caprichoso involuntario.

—Soy una mujer. ¿Dónde quedaron tus modales al mandarme a dormir al sofá mientras tú te quedas con la cama?

El hombre apretó la mandíbula. De repente, se inclinó y apoyó ambas manos a los lados del cuerpo de ella. Un cautivador aroma amaderado invadió de golpe el olfato de la mujer.

Su voz, profunda y seductora, resonó con fuerza.

—Ya te dije que no tengo modales, y tampoco me interesa tener intimidad contigo. ¿Te falla el oído?

—No me falla.

Valeria hizo un puchero.

—Tampoco dije que quisiera acostarme contigo, solo quería que durmiéramos tranquilos.

...

Justo cuando Alejandro estaba a punto de perder la paciencia, ella levantó los brazos de improviso, rodeó su cuello y tiró de él, arrastrándolo hacia el colchón.

—Dormir juntos no te va a quitar un pedazo. No seas tan tacaño.

...

Alejandro sintió una pesadez en el pecho. Le apartó los brazos del cuello y de un solo movimiento agarró la sábana para arrojársela encima de la cabeza. Al sentir que eso no era suficiente castigo, apartó de un manotazo los largos cabellos de ella que habían caído sobre su brazo.

El movimiento parecía rudo, pero en el fondo tenía un extraño aire de coquetería, como el de una pareja discutiendo.

Cuando Valeria logró asomar la cabeza por encima de la sábana, él ya se había bajado de la cama.

Su alta figura bloqueaba gran parte de la luz de la lámpara.

—¿De verdad no piensas salir?

—Ah, sí.

—Bien.

Se dio la vuelta y se marchó sin una pizca de remordimiento.

Valeria no tenía idea de cómo él había logrado abrir la puerta. Un buen rato después de que él saliera, se apoyó sobre un codo y sonrió.

En ese momento, pasos resonaron afuera.

Al abuelo no le sorprendió encontrarlo allí, solo resopló.

—¿Se puede saber por qué no estás durmiendo y vienes a mi estudio a media noche? ¿A cazar ratones?

—Abuelo —suspiró Alejandro—. Deje de hacer cosas sin sentido.

—¿Cómo que sin sentido? Valeria es una dama. Ya que te casaste con ella, tienes que asumir tu responsabilidad como esposo. Si no, ¿dónde queda su reputación?

Alejandro recordó lo que ella misma le había dicho: *«¿Crees que no tengo orgullo?»*

Sí que se entendían bien esos dos.

Mantuvo un rostro inexpresivo y respondió:

—Asumiré las responsabilidades que me tocan. Sobre las que no me tocan, le ruego que no malgaste sus energías.

—Como si yo disfrutara perder el tiempo contigo... Pero lo que no entiendo es que, siendo un hombre joven y lleno de energía, actúes de esta forma. ¿Será que tienes algún problema de verdad? —El anciano lo golpeó levemente con el bastón—. Nieto, ¿no será que tienes algún problema allá abajo?

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