—Mmm —respondió él—. Estaré bastante ocupado por la mañana, cuando sea la hora enviaré a mi chofer a recogerte.
Los ojos de Rosalía Figueroa brillaron, y preguntó con tono tentativo:
—¿Normalmente... tienes a tu chofer para llevarte y traerte del trabajo?
—No.
Mauricio Guzmán frunció el ceño y alzó la vista hacia la puerta.
Su asistente acababa de llegar.
Sintió un inexplicable alivio y dijo:
—Rosa, ahora tengo algunos asuntos que resolver. Hablamos cuando nos veamos al mediodía, ¿te parece?
—Ah... está bien.
Rosalía suspiró con resignación y no tuvo más remedio que colgar el celular.
Había tratado con bastantes jóvenes ricos y sabía perfectamente que lo que más les molestaba era que las mujeres fueran asfixiantes. Saber cuándo avanzar y cuándo retroceder era la clave para mantener una relación a largo plazo.
Al pensar que en un rato se reuniría con Mauricio, el corazón de Rosalía empezó a latir a toda velocidad. Volvió la mirada hacia el imponente edificio a sus espaldas.
Así que...
Valeria, ¿con qué pretendes competir conmigo ahora?
Rosalía esbozó una media sonrisa, tomó un taxi y se marchó.
Por otro lado, Mauricio bajó su celular y preguntó:
—¿Qué sucede?
—Director Guzmán, aquí está la información que me pidió investigar —dijo el asistente con respeto, pasándole una carpeta de documentos.
—Sin embargo... la señorita Valeria no parece tener ningún pasatiempo en particular. Hice que alguien visitara su antigua escuela, y solo escuchamos que en una fecha especial de cada año viaja a un cementerio en Inglaterra y se queda allí sentada todo el día.
Mauricio frunció el ceño.
—¿Un cementerio?
—Sí. Allí... parece que descansa su madre.
El asistente observó la expresión de su jefe antes de continuar:
—La señorita Figueroa fue enviada al extranjero por Humberto Figueroa cuando era apenas una adolescente. Dicen que en ese entonces hubo un gran escándalo. Las cenizas de su madre también fueron sacadas de la familia Figueroa y Valeria las sepultó en ese cementerio.
Mauricio hojeaba los documentos en sus manos, con un tono ilegible.
—Según tú, ¿Valeria es demasiado misteriosa o demasiado simple?
—Esto...


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