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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 143

—Alejandro.

Ella apretó los labios.

—¿Estás resentido conmigo, verdad?

—Señorita Garza, creo que no tengo tanto tiempo libre como para guardar resentimientos.

—...Alejandro, te pido perdón, ¿sí? —la voz de Aitana tenía un claro nudo en la garganta. Tal vez realmente se sentía mal y toda su fragilidad emocional había aflorado.

—No fue mi intención rechazarte, solo pensé... que aún somos jóvenes. ¿No tienes que buscar una cura para tus ojos? Además, mi carrera está en pleno ascenso. No quiero simplemente enamorarme, casarme y pasar a vivir una vida predecible y aburrida.

La familia de Aitana no era para nada humilde; desde pequeña estaba acostumbrada a ver toda clase de matrimonios por conveniencia.

Con orígenes como el de ellos, ¿cuántos podían realmente tomar sus propias decisiones?

¿Acaso la mayoría no terminaba obedeciendo los arreglos familiares, casándose, teniendo hijos y viviendo sin ninguna esperanza de cambiar su destino?

Ella era la consentida de su padre, pero el ambiente en la familia de Alejandro era bastante conflictivo. Si se casaba con él así de fácil, ¿qué pasaría después?

Aitana no se atrevía a pensarlo a fondo.

Alejandro no dijo nada, simplemente miraba a lo lejos con sus ojos profundos.

El vecindario de la villa siempre se volvía increíblemente silencioso por las noches, dando una sensación de paz apartada del mundo.

—¿Alejandro?

Solo cuando la voz sonó de nuevo al otro lado de la línea, él respondió.

—Siendo así, ¿no es esto exactamente lo que quería, señorita Garza? Entonces, de ahora en adelante, siga con su vida.

Esta respuesta volvió a tomar por sorpresa a Aitana.

Lo que Alejandro estaba queriendo decir era...

¿Que iba a cortar lazos con ella definitivamente?

Se mordió el labio con fuerza y murmuró, ofendida:

—Sabes que no quise decir eso.

—No lo sé —la voz profunda del hombre era agradable pero cruel—. Señorita Garza, creo que ya es una mujer adulta. Ya que tomó una decisión, debe asumir las consecuencias. No se puede tener todo en esta vida, las cosas no son tan fáciles.

—Yo...

—Basta.

Ya no tenía paciencia para seguir escuchándola.

No había pasado casi nada de tiempo y ya ni siquiera iba a verla cuando estaba enferma.

Si esto hubiera pasado antes, seguramente la habría llevado en persona al hospital.

Santiago chasqueó la lengua y negó con la cabeza; definitivamente, la esposa del jefe sabía cómo mover sus piezas. Parecía que en el futuro tendría que prestar más atención a las órdenes de la nueva señora.

Alejandro, ajeno a que su asistente ya había aceptado a una nueva autoridad en su mente, terminó la llamada y regresó a la habitación. La mujer seguía sentada en la cama abrazando un cojín; viéndola con las mejillas infladas, era obvio que estaba llena de una frustración insatisfecha.

Su mirada vaciló levemente y caminó directo hacia la puerta.

Tres, dos, uno.

—¡Alejandro Silva!

La voz indignada de Valeria sonó a sus espaldas.

—¡Tu esposa todavía está aquí, regresa!

Alejandro bajó la mirada y esbozó una media sonrisa, con un ligero toque de peligro en ella.

Se dio la vuelta, caminó con asombrosa precisión y se detuvo justo frente a Valeria. Se inclinó, la tomó de la barbilla y, con esa profunda y embriagadora voz, le dijo:

—¿Qué tan desesperado crees que estoy como para haberme casado con una esposa que solo trae problemas? ¿Mmm?

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