En la entrada de la comisaría, Rosalía había dejado a un par de hombres vigilando, con órdenes de avisarle de inmediato si alguien se atrevía a aparecer para pagar la fianza de Valeria.
El tiempo se arrastraba entre el aire bochornoso. Incluso los policías de turno habían mirado el reloj varias veces.
¿No se suponía que esta señorita Figueroa era la novia de Alejandro Silva, el jefe del Consorcio Silva?
Alguien debería venir por ella pronto.
Justo cuando el cielo comenzaba a oscurecerse, la figura de Santiago finalmente apareció en la entrada. Detrás de él venía un abogado; no cualquiera, sino el litigante estrella del equipo legal del Consorcio Silva, un hombre invicto.
El trámite de fianza fue mucho más sencillo de lo que imaginaban: llenar un formulario, firmar y llevarse a la detenida.
Santiago esperaba encontrarse a una mujer deshecha, pero la realidad fue totalmente opuesta.
No solo no tenía un solo cabello fuera de lugar, sino que levantó la mano y saludó a Santiago con una actitud despreocupada.
—Hola, cuánto tiempo sin vernos.
—... Hola, señorita Figueroa.
Y sobre lo de «cuánto tiempo»...
Tampoco había sido tanto, ¿no se vieron apenas el día anterior?
Valeria lucía sumamente tranquila. Antes de salir, se despidió amablemente del policía de guardia y caminó junto a Santiago hasta subir directo al auto.
Era una van Mercedes negra. La parte de atrás era muy espaciosa y los asientos tenían función de masaje.
Sin embargo...
—¿Por qué no vino él?
Santiago sintió un escalofrío.
Esta señorita Figueroa tenía un nivel de confianza tan alto que él ni siquiera sabía qué contestarle.
Forzó una sonrisa.
—El jefe está en medio de un proyecto muy importante y no podía irse... Señorita, ¿la llevo directo a Villa La Jacaranda?
—No, vamos a la oficina a recogerlo para irnos juntos.
—¿Eh?
—¿Qué pasa? ¿Acaso tu jefe tiene escondida a una amante en el trabajo?
—¡Por supuesto que no!
Otra pregunta que le puso los nervios de punta.
Al final, Santiago no tuvo más remedio que dejar al abogado en su casa y desviarse hacia el corporativo.
Valeria recuperó su celular. Apenas lo encendió, le saltaron un sinfín de llamadas perdidas y mensajes de toda clase de personas indeseables.

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