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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 205

Es decir, la familia Guzmán ya estaba involucrada.

Si Valeria insistía en no dar la cara, el asunto podría salirse de control.

Valeria no mostró ninguna emoción.

—Entendido.

Colgó y alzó la vista hacia el piso de arriba.

Toda la casa estaba en un silencio absoluto, como si ella fuera la única habitante. Si ella no estuviera, Alejandro ni siquiera encendería las luces.

De pronto tuvo un pensamiento inoportuno: con razón Aitana Garza no quería aceptar su declaración. Ese tipo de vida en la oscuridad y el aislamiento... ¿cómo podría soportarlo una señorita mimada?

Pero lo que una niña rica no aguantaba, ella sí.

Además, Alejandro... era un hombre bastante interesante.

Valeria curvó los labios en una sonrisa, sacudiéndose el fastidio de hace un segundo, y subió las escaleras a paso rápido.

Se dio una ducha exprés, confirmó que él ya no estaba en el estudio, tomó su almohada y se dirigió a la habitación principal.

Estaba pensando en cómo hacer que le abriera la puerta.

Para su sorpresa, la perilla giró sin resistencia.

Valeria entró con total descaro, levantó un lado de las cobijas, se metió en la cama con agilidad y se pegó a la espalda del hombre, abrazándolo por la cintura.

Todo fue tan fluido que a Alejandro ni siquiera le dio tiempo de reaccionar. Dejó los brazos en el aire y la miró de reojo.

Apretó los dientes.

—¿La señorita Figueroa está cada vez más igualada?

Antes al menos preguntaba. Ahora, ni eso.

—La primera vez es rara, pero a la segunda ya hay confianza.

Valeria alzó su pequeño y hermoso rostro, y respondió como si fuera lo más normal del mundo.

—Si tú no vienes a dormir conmigo, no me queda más remedio que venir a dormir contigo. Y aunque la cama de esta habitación es más cómoda, la verdad es que mientras duerma contigo, no me importa dónde sea.

Las pupilas de Alejandro se oscurecieron y su rostro se tornó temiblemente frío.

—Largo.

Una orden cortante.

En lugar de obedecer, Valeria deslizó la mano por debajo de la camiseta de él, disfrutando de la firmeza de su abdomen, y lo acarició suavemente.

Habló con un tono tan mimado que a él se le erizó la piel.

—No seas tan tacaño. Si duermo contigo, hasta puedo resolver tus necesidades a medianoche.

Llevaba un camisón de tirantes, y con cualquier pequeño movimiento, el seductor paisaje de su escote quedaba a la vista: una piel suave y curvas envidiables.

No llevaba nada debajo.

Alejandro cerró los ojos con fuerza y los volvió a abrir.

El fuego que ardía en su mirada parecía a punto de consumirla viva.

Capítulo 205 1

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