Entrar Via

Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 250

Valeria giró la cabeza. Bajo la tenue luz del lugar, el rostro del hombre lucía duro y esculpido. Su postura firme y erguida le daba un aire rudo, como un soldado de las películas.

—¿Leonel Zepeda?

Valeria parpadeó, sorprendida.

—Qué coincidencia.

—¿Se conocen? —preguntó la señora, con una chispa de astucia en los ojos—. Entonces ya no es coincidencia, ¡es cosa del destino! Leo, ¿ves? Casi nunca me presentas a tus amigos. No sabía que tenías una novia tan bonita.

—Mamá... —Leonel suspiró, frustrado—. Ella no es...

—Ah, así que usted es su mamá.

Valeria le sonrió amablemente, interrumpiendo la aclaración del hombre.

—Con razón Leonel tiene tanto porte, heredó su elegancia, señora.

Con un par de frases dulces, logró que Beatriz soltara una carcajada de alegría.

Leonel, en cambio, fijó su mirada profunda sobre la mujer; una mirada a la vez curiosa e intensa.

Como ahora había alguien con quien hablar, la presencia de Leonel pasó a segundo plano. Se quedó en silencio a un lado, escuchando cómo su madre interrogaba sutilmente a Valeria sobre su vida.

Beatriz no era una clasista interesada en los linajes de la alta sociedad; al escuchar sobre la familia Figueroa, no los reconoció, pero al enterarse de que la madre de Valeria había fallecido, sintió mucha lástima.

—Pobrecita... seguro has sufrido mucho estando sola en San Cristóbal. ¿Sabes? Yo cocino riquísimo. Cuando tengas tiempo, ven con Leonel a casa y te prepararé algo muy sabroso.

Valeria aceptó con gusto.

—Claro que sí, señora. Prometo que iré.

—¡Eso, eso!

Beatriz miró a ambos con una sonrisa pícara.

—Bueno, los dejo solos. Ya que se encontraron, aprovechen para platicar un rato. No se preocupen por mí.

—Mamá...

—¿Qué?

Beatriz frunció el ceño, adivinando lo que su hijo iba a decir, y puso cara de estricta.

—Ella es una muchacha, ¿no la vas a acompañar? Con lo lento que eres, ¿cuándo me vas a traer una nuera a la casa?

Esto último lo dijo en un susurro, pero Valeria alcanzó a escucharlo.

Beatriz volvió a tomar las manos de Valeria.

—No lo digo por cortesía, mija. Ven a comer a la casa cuando quieras. Las puertas siempre estarán abiertas para ti.

Valeria asintió repetidas veces, agradecida.

Tras la despedida, ambos se quedaron en silencio viendo cómo la señora se alejaba.

Leonel tenía una hermana mayor, Milena, que le llevaba doce años y ya estaba casada.

Dio un paso hacia adelante.

Con lentitud y gracia, levantó la mano y le acomodó el cuello de la camisa.

—Lástima que, por ahora, no tengo intenciones de buscarme otro amor. Pórtate bien y vete a hacer fila.

La esbelta figura de la mujer se alejó lentamente.

Leonel entrecerró los ojos, y una tormenta silenciosa comenzó a gestarse en su mirada.

Poco después de llegar al restaurante, Valeria recibió un mensaje de Julián confirmando que ya había llegado.

Apenas le respondió con el número del salón privado, se escucharon pasos firmes y pausados afuera. La puerta se abrió y un hombre alto salió por detrás del camarero.

Julián Valenzuela tenía facciones suaves y amables. Llevaba unos lentes de armazón plateado a medias que le daban un aire enigmático a sus ojos rasgados.

Debido a su trabajo, siempre interactuaba con figuras de poder internacional, por lo que cuidaba cada palabra y cada gesto al milímetro.

Con los años, eso le había dado un aura de autoridad innegable que contrarrestaba un poco su apariencia de intelectual.

—Vale —dijo él, sonriendo al verla, con los ojos llenos de una inmensa ternura.

Valeria se frotó el leve sudor de las palmas de las manos. Tardó dos segundos en responder:

—Cuánto tiempo sin vernos... hermano.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico