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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 332

—Además... —Miró a Alejandro—. ¿Acaso Hernán no falló en hacerle nada a ella?

Falló en hacerlo.

Por lo tanto, no merecía ese castigo.

La mirada de Alejandro vaciló ligeramente, y la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa con un significado indescifrable.

—Hay muchos tipos de intento de agresión. El joven Hernán no desistió por voluntad propia del delito. ¿Acaso al Director Longoria le parece que esto es motivo de orgullo?

—Yo...

Octavio no esperaba que sacara ese tema de repente.

—Alejandro, ¿qué quieres decir?

—Lo que escuchaste, literalmente. —La mirada fría y clara de Alejandro se dirigió hacia la habitación del hospital.

—Sin siquiera mencionar si hay pruebas que relacionen a Valeria con las heridas de Hernán, él no actuó como un ser humano, y las responsabilidades legales que debe asumir no se pueden evadir. Si el Director Longoria insiste en minimizar la gravedad de sus acciones, ¿no teme que los demás digan que falló como padre y crio a un completo imbécil?

...

Octavio estaba tan sorprendido que se le olvidó cerrar la boca, y su visión se nubló.

¡Esto era mucho más que simplemente defender a Valeria!

¡Básicamente estaba insultando a toda la familia Longoria!

Alejandro no dijo nada más, les lanzó una mirada rápida y se dio la vuelta para marcharse. En tan poco tiempo, hizo enojar tanto a Octavio que casi le da un infarto.

—Aitana, ¿qué está pasando exactamente entre Alejandro y tú? Mira nada más... ahora no solo no nos ayuda, sino que te habla con tanta rudeza. ¿No tenían una excelente relación? ¡De dónde salió esa mujer que nadie conoce!

Aitana Garza se mordió el labio, sin responder, y corrió tras la dirección por la que se había ido el hombre.

Alejandro caminaba mientras llamaba por celular a Luisa, pidiéndole que preparara algo de comida y la trajera. Justo cuando guardó el teléfono, el sonido de unos tacones acercándose se hizo más evidente a sus espaldas.

—Alejandro.

El rostro de la mujer lucía algo pálido; sostenía su bolso con ambas manos, pareciendo un tanto incómoda.

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