—... Voy al departamento del proyecto.
—¡Aun así no! ¡No puedo soportar estar separada de ti más de una hora, te extrañaría hasta morir!
Los largos dedos de Alejandro masajearon su entrecejo y luego acariciaron la parte superior de la cabeza de Valeria.
—No hagas un berrinche.
Justo cuando daba la impresión de estarla consintiendo, el hombre se dio la media vuelta y se marchó.
Valeria se quedó mirando hacia la puerta por un momento antes de apartar la vista con expresión indiferente. Continuó comiendo.
Poco tiempo después, llegó Camila. Desde el momento en que vio a Valeria, se mostró extremadamente tensa.
—Señorita... lo siento.
Luisa cortó un poco de fruta y Valeria se la llevó a la boca de manera despreocupada.
Después de dar dos mordiscos al kiwi, preguntó como si nada:
—¿Lo sientes por qué?
—Yo... yo vi que estabas dormida antes de salir a comprar comida. Además, le avisé a la enfermera de turno. Nunca me imaginé que sucedería algo así. Cuando regresé, el señor Silva ya había mandado a cerrar todo el piso.
Al no poder entrar, solo le quedó la opción de regresar a la empresa.
Camila la observó; en el área expuesta por el cuello de su ropa se podían ver marcas de las heridas.
—¡Ese Hernán Longoria... me las va a pagar!
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué piensas hacer?
Su mirada se desvió de repente, al recordar algo.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico