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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 368

Alejandro guardó silencio por unos instantes y luego preguntó: —¿Ya verificaron la identidad del agresor?

—Es un ladrón reincidente. Acaba de salir de la cárcel hace poco.

—Parece que extraña su antigua vida tras las rejas. Entonces, que le haga compañía a Octavio Longoria.

Santiago sintió un escalofrío.

Se acabó.

El señor Silva está realmente furioso.

La última vez que lo vio así de furioso, las consecuencias fueron devastadoras.

Asintió con respeto: —Entendido.

Una vez que Santiago se marchó, Alejandro no regresó a la habitación. Se sentó en la silla junto a la puerta, apoyando la frente en una mano, y cerró los ojos para descansar.

Menos de veinte minutos después, sonó su celular.

Sin molestarse en mirar la pantalla, contestó.

La voz ronca de Octavio Longoria, contenida por la furia, resonó del otro lado: —Alejandro, ¿qué significa esto?

—Discúlpeme la ignorancia, pero no sé de qué me habla, Director Longoria.

—¡No te hagas el idiota conmigo!

Octavio Longoria, viendo a los policías que aguardaban afuera, rugió, incapaz de contener su rabia: —¡Mira cómo han dejado a mi hijo! Valeria Figueroa hizo cosas terribles y debe pagar el precio. Además, ¡salió ilesa de todo esto!

¡Octavio nunca imaginó que Alejandro llegaría a tales extremos por esa mujer!

Ahora que la policía estaba en la puerta, independientemente del veredicto, ¡la reputación de la familia Longoria sufriría un golpe ineludible!

—Director Longoria —respondió Alejandro con calma y sin inmutarse—, comprendo su dolor como padre ante la golpiza que recibió su hijo. Pero Valeria no es la culpable, y que usted pretenda cargarle toda la responsabilidad a una mujer... francamente, no habla muy bien de usted.

Un hombre, y más aún alguien en una posición de poder, no debería vengarse de los más débiles ni de las mujeres. Eso solo demostraba su incompetencia y vileza.

Octavio Longoria apretó los dientes. —¿Y cómo puedes probar que ella no fue?

—¿Acaso usted tiene pruebas de que lo fue?

Al despertar, su cabello caía desordenado sobre los hombros y, bajo la luz natural, su rostro sin maquillaje desprendía un encanto sutil y etéreo.

Sus ojos destellaron con intensidad al interrogarlo: —¿Saliste?

—Cosas de hombres, no te metas.

—A cualquier otro hombre lo dejaría en paz, pero tratándose de ti...

Valeria le tendió la mano y puso cara de enfado. —Es mi obligación entrometerme.

Lo dijo con tanta convicción que parecía no solo su esposa, sino también la dueña absoluta de su vida y de cada uno de sus movimientos.

Alejandro se quedó mirando su mano por dos segundos antes de acercarse.

Apenas se sentó, la mujer se abalanzó suavemente sobre él, rodeándole el cuello con los brazos. —¿No puedes quedarte quieto un rato? Si te mueves a cada rato, la herida tardará más en sanar.

Alejandro guardó silencio por un momento y replicó: —Contigo cerca, será un milagro que me recupere.

—... ¡Miren nada más, ya me está insultando otra vez!

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