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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 380

Cuando llegó la ambulancia, Valeria subió con él.

Durante todo el trayecto, Alejandro no dijo ni una sola palabra. Su rostro se mantenía tan deslumbrante como siempre, profundo y enigmático. A pesar de estar cubierto de sangre, irradiaba un aura hipnótica, casi como la de un vampiro, conservando su porte aristocrático intacto.

Pronto apareció personal para limpiar el salón, y la gala retomó su curso.

Sabrina observó las expresiones falsas y despreocupadas de los presentes y dejó escapar un largo suspiro de frustración.

De repente, sin que ella lo notara, una silueta se colocó a su lado.

No necesitaba voltear para saber de quién se trataba. Con tono glacial, soltó:

—Tu personal es incompetente. Hirieron de esa manera a mi novio, ¿cómo piensas indemnizarlo?

—Si la señorita Solís está tan preocupada por su novio, ¿cómo es que no se fue con él al hospital?

—... ¿Y a ti qué te importa?

Los ojos lúgubres del hombre se clavaron en ella. Su voz sonó grave.

—Tú te desvives por él, pero a él no pareces importarle en absoluto. ¿Acaso no dejó que otra mujer se fuera a su lado recién?

—...

Era demasiado observador.

Por alguna razón, la furia de Sabrina ardía cada vez más.

—Lo que pase entre nosotros no es asunto tuyo. El punto aquí es que mi novio resultó herido en tu evento. ¿Sabes siquiera quién es? Me temo que no te conviene buscarte problemas con él.

El hombre balanceó su copa de champaña, su rostro proyectando una frialdad absoluta, como si el asunto no tuviera nada que ver con él.

—Ya se lo llevó la ambulancia, y tú sigues aquí perdiendo el tiempo discutiendo tonterías conmigo. Tampoco parece importarte que otra mujer esté con él... Viéndolo bien, dudo que te importe tanto. O tal vez...

Levantó la mirada y un brillo afilado cruzó por sus pupilas.

—¿Simplemente contrataste a alguien para que viniera a hacerte el teatrito de ser tu novio?

Sabrina apretó los dientes, su mirada tan fría como el hielo.

—¿Te interesa tanto saber si es de verdad o mentira? ¿O es que te mueres de ganas de que sea falso?

—No me interesa en lo absoluto.

El hombre esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Tú ya sabes, señorita Solís, que tengo prometida.

Capítulo 380 1

Capítulo 380 2

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