Su cabello largo, negro y espeso caía despreocupadamente sobre sus hombros. Sostenía el mentón con una mano pálida y mantenía los ojos cerrados, desprendiendo una sensualidad y un encanto indescriptibles.
Rosalía se quedó paralizada por varios segundos. Era imposible negar que su corazón latía a mil por hora.
No había pegado un ojo en toda la noche, torturándose con suposiciones.
¿Quién se había atrevido a secuestrarla y traerla a este lugar?
¡Valeria... era ella!
—¿Qué pasa, ya ni siquiera sabes cómo saludarme cuando me ves?
La mujer abrió los ojos lentamente; en su mirada fría y hermosa no había ni rastro de emoción.
—Antes solías gritar bastante.
—¡Valeria! ¿Con qué derecho me traes aquí? Te lo advierto, papá ya viene en camino. Más te vale dejarme ir ahora mismo, ¡o no te lo perdonará!
Rosalía había salido perdiendo muchas veces contra Valeria; sabía perfectamente que esta mujer no era alguien fácil de manejar.
Si la había traído allí a la fuerza, seguramente era porque había adivinado que ella era la responsable del incidente de la noche anterior.
Pero, ¿y qué?
Era imposible que tuviera pruebas.
Rosalía había revisado bien el área antes de sobornar al mesero; no había cámaras de seguridad en ese punto.
Valeria comenzó a golpetear la mesa con los dedos de manera ociosa, mirándola como si fuera un insecto insignificante.
—Aparte de llorarle a tu papá, ¿qué más sabes hacer?
—¡También es tu papá! Tú...
La voz de Rosalía temblaba, pero intentaba controlarse al máximo para no parecer intimidada.
—¡Si no le haces caso, eres una mala hija!
—Uy, qué miedo me das.
—...
El rostro de Rosalía pasó del blanco al rojo. Apretó la falda de su vestido con fuerza y gritó furiosa:
—¿Para qué demonios me trajiste aquí? Te lo advierto, si papá no me encuentra, llamará a la policía y tú...
Antes de que pudiera terminar, Valeria soltó una carcajada sarcástica.
—¿A la policía?

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico