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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 46

Valeria prácticamente no pegó el ojo en toda la noche. Al despuntar el alba, tomó su última maleta y manejó directo a la empresa.

Lo que tenía que recogerse ya estaba empaquetado; la oficina ahora era un cascarón vacío.

—Señorita Valeria.

Camila se acercó por detrás.

—¿Hay algo más en lo que le pueda ayudar?

—No es necesario. —Valeria giró la cabeza y sonrió—. Hiciste un excelente trabajo. Ve a casa y empaca tus cosas, mañana nos vamos juntas.

Camila contempló su hermoso rostro y asintió.

—De acuerdo.

La oficina vacía sin las computadoras transmitía una extraña sensación de desolación. Valeria se paró junto a la ventana, su vestido negro ondeando al viento. A la distancia, parecía una rosa aferrada al borde de un precipicio, llena de orgullo, abriendo sus pétalos frente a la tempestad.

Observó la ciudad entera, asimilando todo el esplendor moderno frente a sus ojos.

Su madre había levantado Estrella Media con sus propias manos hace décadas.

Y ahora, trasladarla a San Cristóbal...

—No me culparías por esto, ¿verdad?

Su voz cristalina fue arrastrada por el viento, desvaneciéndose en el silencio.

No supo cuánto tiempo permaneció allí parada, pero tras una profunda bocanada de aire, agarró su maleta y bajó las escaleras sin mirar atrás ni una sola vez.

En el consultorio del hospital, Mauricio acababa de salir de cirugía. No había dormido en toda la noche, y el cansancio era evidente en su rostro.

Unos toques en la puerta resonaron, y ordenó con voz áspera:

—Pase.

—Ay, Dr. Guzmán, qué vergüenza.

El Dr. Galindo le dedicó una sonrisa llena de zalamería.

—Le juro que no tenía opción. Mi esposa tuvo mucha fiebre anoche y no podía dejarla sola. Perdón por haberlo hecho venir a cubrirme en esta cirugía.

Mauricio levantó la mirada sin inmutarse.

—Mientras el paciente esté bien, es lo que importa.

—Claro que sí, es un hecho que el Dr. Guzmán tiene una ética profesional intachable.

El Dr. Galindo soltó una larga ráfaga de adulaciones, para luego añadir mientras agitaba la mano:

—Esta operación duró toda la noche. Por favor, Dr. Guzmán, váyase a descansar. Yo le cubro su turno de hoy, le aseguro que cumpliré con todas sus obligaciones.

Mauricio lo observó y aceptó.

—Bien, le encargo todo entonces, Dr. Galindo.

Se puso su saco y salió de la oficina con grandes zancadas.

Al llegar al estacionamiento, revisó su reloj.

Capítulo 46 1

Capítulo 46 2

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