Si no hubiera estado borracha, Valeria jamás se habría atrevido a contactar a Alejandro por iniciativa propia.
Aunque le había prometido a Don Carlos que se casaría, si Alejandro se negaba...
Al final no podrían echarle la culpa a ella.
¿Cierto?
Con ese pensamiento, Valeria dejó de torturarse y decidió tratar los eventos de la noche anterior como si fueran un mal sueño.
Bajó a comprar un café y justo en ese momento la llamó Camila.
—Señorita.
La voz de Camila venía acompañada del rítmico sonido de sus tacones.
—Hay un proyecto muy grande aquí en San Cristóbal con el que podríamos colaborar. El encargado se apellida Castillo y pidió reunirse con usted personalmente.
Valeria mordió la tapa del vaso para abrirlo y tomó un sorbo de café.
—¿De qué tamaño es el proyecto?
—Es el diseño publicitario para el nuevo producto de Altamira Capital, además de la integración de la marca en un programa de variedades.
Camila sostenía el celular entre el hombro y la oreja mientras sacaba una carpeta de su bolso a toda prisa, leyendo mientras hablaba:
—Ya revisé la propuesta. La inversión para el programa es altísima, y ya tienen confirmadas a varias celebridades del momento. Lo que quiere Altamira Capital es crear campañas integradas a la medida para cada artista.
Si lograban cerrar ese trato, Estrella Media entraría por la puerta grande en el mercado de San Cristóbal.
Valeria se humedeció los labios.
—Tú eres quien siempre maneja los asuntos de la empresa, ¿por qué pidió verme a mí específicamente?
De hecho, muy pocas personas sabían que ella era la verdadera dueña de Estrella Media.
Camila se quedó en silencio un instante.
—¿Tal vez nos investigó de antemano?
—¿Y por qué alguien investigaría a una empresa tan pequeña como la nuestra?
Estrella Media acababa de mudarse a San Cristóbal. Sin exagerar, no los conocía nadie.
Y ahora no solo les ofrecían un megaproyecto de la nada, sino que también sabían perfectamente quién era Valeria. Cualquiera se daría cuenta de que había gato encerrado.
Valeria miró hacia los imponentes rascacielos a la distancia y dijo con voz firme:
—No importa. El que no arriesga no gana. Si quiere verme, veremos qué intenciones ocultas tiene.
El departamento de diseño necesitaba una reestructuración urgente.
Valeria se frotó las sienes, arrepintiéndose en el alma por haber desperdiciado tres años de su vida en un hombre en lugar de enfocarse en lo que realmente importaba.
Cuando Camila llegó, Valeria estaba con los ojos cerrados, descansando un poco.
—Señorita.
Apenas habló, Valeria abrió los ojos.
—¿Ya confirmaste el lugar?
—Sí. —Camila la miró notando el cansancio en su rostro, y apretó los labios—. Estuve averiguando esta tarde. Ese Director Castillo tiene una reputación pésima. Se dice que ha acosado y exigido favores a varias chicas nuevas en la industria.
Valeria arqueó una ceja, sacó un lápiz labial de su bolso y se retocó los labios.
—¿Y tú crees que mi reputación es impecable?
—...
—Cualquiera que haya logrado llegar lejos en este círculo no es un santo. Si es buena persona o no, no me interesa. Mientras no se atreva a pasarse de listo conmigo, le daré el respeto que exige un negocio.
El verdadero problema sería si el tipo ya tenía todo un plan armado en su contra y el proyecto fuera solo una trampa.

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