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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 109

La expresión de Beatriz se endureció aún más.

—Ya ni siquiera te molestas en fingir. Como sabes que mi hijo no te va a dejar, ya te crees con derecho a hacer tus caprichitos.

Elena no dijo ni media palabra y siguió comiendo, como si le estuviera hablando a la pared.

Beatriz tenía unas ganas inmensas de soltarle una cachetada.

Diego salió ya cambiado y, al ver la cara de furia de su madre, intentó calmarla:

—Mamá, me prometiste que no te ibas a enojar con Elena.

Beatriz resopló:

—¡Uy, por favor, ni me atrevo!

Al ver que el ambiente estaba tenso, Diego decidió llevarse a Elena de la villa Romero.

Ya en el coche, Diego no aguantó más y le dijo:

—La verdad me gustaría que pudieras llevarte bien con mi mamá y con mi hermana, que todas pusieran un poco de su parte.

Elena soltó una carcajada amarga:

—¿Acaso no me la he pasado cediendo? Además, hoy fue Mateo el que empezó, si no, yo ni me meto.

Temiendo que, si seguían hablando, volverían a pelear, Diego prefirió guardar silencio.

***

Al día siguiente en el trabajo, sus compañeros la seguían tratando con frialdad, pero a Elena le daba igual.

Si los demás querían pensar mal, era su problema; ella no tenía nada de qué arrepentirse.

Se levantó para ir al laboratorio, pero a mitad del pasillo se dio cuenta de que había olvidado unos documentos, así que se regresó.

Justo al llegar a la puerta, escuchó a varios compañeros chismeando sobre ella.

—Elena cometió varios errores y, aun así, entró al laboratorio. Seguro tiene muy buenos contactos.

—Es lo que tiene estar bien conectada. En el departamento de investigación todos nos ganamos el puesto con esfuerzo, pero con ella hacen excepciones.

Elena fingió no haber escuchado nada y entró a recoger sus cosas.

Los que estaban hablando mal de ella bajaron la cabeza de inmediato y fingieron estar ocupados.

Elena tomó sus documentos y salió de la oficina.

***

Por la tarde, Fernando llegó al laboratorio. Al revisar los datos de la investigación de Elena, la miró con gran admiración.

—Ya me enteré de lo que pasó antes. Ya hablé con el director Herrera y le dije que eres muy talentosa; tenerte en el equipo es una ventaja para ellos y les dejé claro que no deben entorpecer tu trabajo.

Elena se sintió conmovida:

—Muchas gracias, profesor Álvarez.

Aprovechando que Fernando estaba ahí, varios miembros del Grupo Vargas y del Grupo Romero se le acercaron, haciendo como que tenían dudas solo para que los ubicara.

Aunque trabajar en investigación para esas empresas ya era una gran oportunidad, si algún día lograban entrar al laboratorio personal de Fernando, su carrera despegaría por completo.

Adriana también se acercó, sonriéndole mientras le pedía ayuda con una duda.

Fernando le respondió de manera profesional, pero sin mucha calidez, una actitud totalmente opuesta a la que tenía con Elena.

Adriana sintió coraje, pero no dejó que se le notara en la cara.

A la salida del trabajo, el director Herrera invitó a todos a cenar.

Todos se dirigieron juntos al estacionamiento.

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