Después de colgar, Diego le mandó un mensaje a Adriana para preguntarle cómo estaba ella y el bebé.
Por lo general, Adriana le respondía enseguida o le devolvía la llamada al instante, pero esta vez pasó un buen rato sin dar señales de vida.
A Diego le pareció muy raro. Se metió al Instagram de Adriana y vio una historia de que estaba en el aeropuerto.
¿Acaso se había ido de viaje con sus amigas? ¿Y por qué no le había avisado?
***
Mientras tanto, Adriana estaba parada en la zona de llegadas con su pancita de embarazada.
Rodrigo salió por la puerta; traía puesta una camisa blanca y unos pantalones de vestir grises. Tenía ese porte impecable que siempre lo hacía ver elegante.
Siendo justos, Rodrigo era un hombre atractivo y venía de buena familia. En la escuela, las chicas hacían fila para pedirle a Adriana que le entregara cartas de amor.
Adriana y él habían crecido juntos, y él siempre la había tratado como a una princesa.
Hubo un tiempo en el que sí llegó a considerar andar con Rodrigo; a fin de cuentas, de todos sus pretendientes, él era el mejor prospecto.
Pero todo cambió cuando conoció a Diego.
Diego no solo era más atractivo y venía de una familia más poderosa que Rodrigo, también tenía ese aire peligroso que a Adriana la desarmaba.
Con tal de quedarse con él, no le importó convertirse en la otra mujer.
Incluso se embarazó a propósito para asegurar su lugar.
Cuando Rodrigo se enteró de que ella estaba enamorada de Diego, le rogó mil veces que se alejara de él, pero Adriana nunca le hizo caso.
La última vez que pelearon, Rodrigo le mandó un mensaje desde el aeropuerto:
[Adriana, si no vienes ahorita mismo, me largo de Ciudad del Río y no nos volvemos a ver nunca más.]
A Adriana le dolió mucho perder a ese hombre que la idolatraba, pero no se puede tener todo en la vida. Ya que había decidido convertirse en la esposa de Diego, tuvo que decirle adiós a Rodrigo.
Sin embargo, bastaron un par de mensajes para hacerlo volver, dócil como siempre ante ella.
Por lo visto, Rodrigo seguía perdidamente enamorado de ella.
Rodrigo le clavó la mirada en la panza; traía una mezcla de emociones en el rostro.
La mujer que había amado durante tantos años estaba esperando un hijo de otro hombre; ¿cómo no iba a sentir celos?
Al ver que Adriana venía nada más con los guardaespaldas, Rodrigo le preguntó:
—No, no vayas a hacer eso, él es el papá de mi bebé. Además, si lo golpeas, lo único que vas a lograr es que se aleje todavía más de mí.
Rodrigo suspiró, frustrado.
—Entonces dime qué quieres que haga por ti.
Tal como hacía cuando eran niños, Adriana se colgó de su brazo con voz melosa.
—Me vas a ayudar, ¿verdad, Rodrigo? Me dijiste que ibas a hacer cualquier cosa que yo te pidiera...
Con tenerla ahí enfrente, a Rodrigo se le olvidó por completo que tenía novia en el extranjero y asintió.
—Pues claro que sí. Aunque hayas tenido pésimo gusto y no me escogieras a mí, sigues importándome más de lo que debería.
Al ver que seguía cediendo ante ella como siempre, Adriana le dedicó una sonrisa dulce.
—Yo sabía que tú eres el mejor del mundo, Rodrigo.
***
Por su parte, Diego había ido a recoger a Ariadna y apenas iban saliendo de la escuela, cuando de la nada una moto de repartidor de comida se les vino encima a toda velocidad. Por tratar de proteger a Ariadna, Diego se llevó un raspón en el brazo y empezó a sangrar.

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