Entrar Via

Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 461

Elena le contó a Isabel lo que Diego le había dicho.

Isabel estalló de furia y empezó a maldecir:

—¡Es el discurso de patán más descarado que he escuchado en mi vida! ¿De verdad cree que ofrecerte ser su amante es hacerte un favor? ¡Qué poco hombre, tiene la cara de concreto!

Después de desahogarse, Isabel añadió:

—Menos mal que ya te casaste con Alejandro, él es mil veces mejor. Je, un hombre como Diego solo es un tesoro para alguien como Adriana.

Elena suspiró:

—Aún cree que siento algo por él. Pero muy pronto se dará cuenta de lo equivocado que está.

Al volver a casa, Elena se quitó los zapatos en la entrada.

Alejandro salió del despacho y le preguntó:

—¿Ya cenaste?

Ella negó con la cabeza.

Alejandro tomó la cena que la señora Salinas había dejado preparada y la puso a calentar en el microondas.

Elena se lavó las manos y se sentó a la mesa.

Él le sirvió la comida humeante y tomó asiento frente a ella.

Elena tomó los cubiertos, probó un bocado y, tras un momento, no pudo evitar comentar:

—Hasta la comida ligera le queda deliciosa a la señora Salinas. Si sigo así, de verdad voy a subir de peso.

Cuando estaba con Diego, la calidad de la comida en casa era una lotería.

Si Diego cenaba en casa, los platillos eran exquisitos.

Si él no estaba, la comida le quedaba desabrida o demasiado salada a la empleada.

Más tarde, al mudarse de la casa de la familia Romero y vivir sola, solía pedir comida a domicilio o prepararse algo rápido como un sándwich o una sopa, por lo que era difícil que engordara.

Pero desde que estaba con Alejandro, comía religiosamente lo que preparaba la señora Salinas.

Aunque había pedido cenas más ligeras, la señora Salinas tenía un sazón tan increíble que siempre terminaba dejando el plato limpio. Así, sin darse cuenta, había subido un par de kilos.

Hacía un par de días le había rogado a la señora Salinas que le hiciera un menú bajo en calorías, y ella había aceptado con gusto.

Pero resultó que hasta la dieta le quedaba para chuparse los dedos.

Alejandro le sirvió un vaso de agua con limón y sonrió:

—No es mucha comida, no vas a engordar. Y si tanto te preocupa tu figura, te acompaño a hacer ejercicio en la noche. Tenemos el gimnasio aquí mismo.

—Entendido —respondió en voz baja.

Colgó la llamada, dudando si era el momento adecuado para revelarle esa noticia a Elena.

Justo entonces, el teléfono volvió a sonar.

Esta vez era la anciana Vargas.

—Alejandro, me acaban de avisar que la señora Valverde venía en camino a Ciudad del Río esta tarde y sufrió un grave accidente de tráfico. Está en el hospital, en coma. Tenemos que ir a verla.

Aunque la anciana no toleraba a Isidora, sentía un gran aprecio por Bianca.

Al enterarse de lo sucedido, estaba genuinamente preocupada.

Alejandro respondió:

—De acuerdo, voy para allá de inmediato.

Tras colgar, se volvió hacia Elena con expresión seria:

—Elena, la señora Valverde venía a Ciudad del Río y sufrió un accidente de auto. Está en el hospital. Debemos ir a verla.

Elena, que siempre había recibido un trato tan cálido por parte de la señora Valverde, sintió un vuelco en el corazón por la preocupación y se fue apresuradamente al hospital junto a Alejandro.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico