Elena la miró con firmeza.
—Antes, Diego me había dado esas acciones y tú las compraste de vuelta. Ahora ya no quiero dinero, quiero las acciones.
Lucía estalló de furia.
—¡Elena, esto es extorsión! ¡Jamás aceptaré esa condición!
Elena se encogió de hombros, extendiendo las manos.
—Entonces no hay nada más que hablar. Pero ten en cuenta que, por cada día que se retrase este proyecto, el Grupo Romero pierde dinero. Yo no soy la que tiene prisa. Esperaré sentada a ver el día en que se queden en la ruina.
Lucía se quedó helada; no esperaba que Elena ya hubiera deducido que estaban al borde de la quiebra.
¿Acaso por eso fue tan fácil comprarle el proyecto al principio? ¿Ya sabía que llegaría este momento?
Fulminó a Elena con la mirada.
—Eres demasiado cruel, Elena. Incluso si mi hermano te engañó, la familia Romero siempre te trató de maravilla, ¿lo sabes? Ahora mismo, Adriana vive con nosotros y su vida es mucho peor de lo que fue la tuya.
Elena soltó una carcajada amarga.
—¿Que me trataron de maravilla? Qué buen chiste.
Se puso de pie, con una expresión gélida.
—Ya que no hay trato, me retiro.
Un escalofrío recorrió la espalda de Lucía al pensar en las consecuencias de que el proyecto fracasara.
Se abalanzó hacia ella y la tomó del brazo.
—Conseguiré trescientos millones para ti, Elena. Es más que suficiente, ¿verdad?
Elena ni siquiera se dignó a mirarla. Se soltó de un tirón y caminó directo hacia la salida del reservado.
—¡Elena!
Lucía gritó, desesperada y furiosa.
—¡No seas tan ambiciosa! La familia Romero no depende de ti, te juro que encontraremos otra salida.
***
El sábado, Elena y Alejandro fueron juntos a su revisión prenatal.
Los resultados mostraron que el bebé se estaba desarrollando perfectamente y que todos los indicadores de salud eran excelentes.
Lleno de orgullo, Alejandro le envió los resultados a la abuela Vargas y a Bianca.
Elena lo pensó un segundo.
—Tulipanes.
Alejandro entró de inmediato y escogió un hermoso ramo de tulipanes para ella.
Siempre que pasaban por una florería, le compraba un detalle. Ya se había convertido en su costumbre.
Elena abrazó las flores, sintiendo que el corazón se le derretía de ternura.
Alejandro nunca veía lo de comprarle flores como una obligación o una tarea para ganar puntos.
Simplemente sabía que a ella le gustaban, quería verla sonreír, y eso era motivo suficiente para hacerlo.
Al llegar a casa, Elena se encontró con una escena que la hizo soltar una carcajada incrédula: Chispa, ya totalmente recuperado, estaba haciendo un desastre monumental junto a Florcita.
Habían destrozado los cojines del sofá a mordidas.
Un frasco de premios que estaba en un estante alto había terminado en el piso, esparciendo galletitas por todas partes.
Y, como toque final, habían sacado todas las servilletas de la mesa del comedor, dejándolas regadas como si hubiera nevado.
Alejandro, asumiendo su rol de figura paterna con toda seriedad, procedió a reprender a Chispa y a Florcita.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....