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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 481

Elena y Alejandro fueron a visitar a Iker y Marina.

Marina era originaria de Ciudad del Río y, aunque había estado mucho tiempo en el extranjero, todavía conservaba su antigua casa allí.

Tras hacerle una limpieza a fondo, el matrimonio se había mudado de vuelta.

A pesar de provenir de una familia adinerada, Iker, tras casarse con Marina, se había adaptado maravillosamente a una vida hogareña y sencilla.

Cuando Elena y Alejandro llegaron a la casa, la pareja acababa de regresar del mercado y se disponía a cocinar.

Al verlos, Iker les dedicó una sonrisa afable:

—Llegan en el momento perfecto. Marina y yo íbamos a preparar cada quien su especialidad.

Ver cómo Iker, quien antes era un joven de la alta sociedad que jamás había movido un dedo, ahora disfrutaba cocinando para recibir a sus invitados, era la prueba viviente de lo mucho que el matrimonio lo había transformado positivamente.

Marina los hizo pasar a la sala y les sirvió un café.

Al mirar detenidamente a Elena, Marina sintió una leve sorpresa. Había algo en su aura y sus facciones que le resultaba familiar, como si la hubiera visto antes.

Sin embargo, dado que era la primera vez que Elena visitaba su casa, consideró de mala educación hacerle demasiadas preguntas.

Marina e Iker se fueron a la cocina a preparar la comida.

Sentada en la sala, Elena le preguntó a Alejandro en voz baja:

—Vinimos a pedirles un favor, ¿no se ve mal que estemos aquí sentados sin ayudarles en nada?

Alejandro negó con la cabeza y le explicó:

—Para el señor Santoro y la señora Marina, cocinar juntos es un momento romántico. Si nos metemos, solo vamos a incomodarlos.

Entendiendo la situación, Elena se relajó en el sofá a esperar.

Una hora más tarde, la mesa estaba servida.

Era un banquete espectacular: seis platillos y una sopa.

Iker les sonrió y les dijo:

—Prueben de todo y al final nos dicen cuál plato les gustó más.

Marina, con tono burlón, añadió:

—Aposté con Iker. El que pierda, le toca lavar los cubiertos y los platos.

Elena sentía una profunda envidia al ver lo unidos y enamorados que estaban.

La mayoría de los matrimonios que había visto, empezando por el de sus abuelos, eran del tipo más tradicional: el marido se mataba trabajando y la esposa entregaba su vida al hogar. Las conversaciones giraban únicamente en torno a los hijos y rara vez había otros temas en común. Y ese era el escenario de un matrimonio «estable».

La triste realidad era que casi todos los matrimonios a su alrededor estaban plagados de peleas, sospechas, quejas y personas atadas por obligación.

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