Siempre había sentido mucha lástima por Bianca. Desde que perdió a su bebé, hacía tantas décadas, su amiga jamás había vuelto a tener un día de paz.
Y todo, absolutamente todo, era culpa de Hugo.
En ese instante, Isidora hizo su aparición en la habitación.
Ignorando deliberadamente a Elena, se dirigió únicamente a Marina:
—Señora Marina.
Marina le respondió con tono comprensivo:
—Isidora, debe ser agotador cuidar de tu madre todo el tiempo, ¿verdad?
Isidora bajó la mirada, simulando una profunda tristeza:
—Es lo menos que puedo hacer por ella. Daría lo que fuera con tal de que despierte pronto.
Elena no dejaba de observar a la señora Valverde. De pronto, le pareció ver que la mano de la mujer se contraía levemente.
Temiendo que fuera su imaginación, llamó la atención de Marina:
—Señora Marina, fíjese bien. ¿No acaba de mover los dedos la señora Bianca?
Marina fijó la mirada en las manos de Bianca y confirmó que, en efecto, los dedos se estaban moviendo.
—¡Dios mío! —exclamó con emoción—. ¡Llamen al doctor de inmediato! ¡Es posible que Bianca esté a punto de despertar!
Al escuchar eso, Isidora miró hacia la cama y una chispa de pánico le cruzó la mirada.
Al enterarse de la noticia, el director Valverde llegó corriendo a la habitación.
Después de que el médico examinara minuciosamente a la paciente, se dirigió a ellos con una sonrisa alentadora:
—La paciente ha mostrado respuestas motoras significativas. Esta es una excelente señal de que está recuperando la conciencia. Según su estado actual, es muy probable que despierte en los próximos días. Reforzaremos la monitorización y el tratamiento.
Elena, Dante y Marina estallaron en alegría.
Pero el rostro de Isidora se volvió pálido como el papel.
Al salir de la habitación, Marina le preguntó a Elena:
—¿Te has estado tomando las medicinas que te receté?
Elena asintió de inmediato:
—Sí, al pie de la letra.
Marina le sonrió para animarla:
—Con un poco de suerte, en cuanto despierte Bianca, tú también nos darás una buena noticia. ¡Sería una bendición por partida doble!
Isidora, que iba caminando detrás de ellas, escuchó toda la conversación.
Su rostro se deformó en una mueca de odio incontrolable.
¿Acaso Elena se estaba medicando para quedar embarazada y así obligar a la señora Vargas a aceptar su matrimonio con Alejandro?
¡Jamás permitiría que eso sucediera!
Después de despedirse de Marina, Elena se dirigió a la farmacia del hospital para recoger sus medicamentos.
Una vez que tuvo las pastillas, subió a su auto y se marchó.
Esa misma noche, Elena sacó el frasco para tomar su dosis y notó algo extraño en la apariencia de las pastillas.
Como ella misma se dedicaba a la investigación farmacéutica, tenía métodos sencillos para comprobar la autenticidad del medicamento.
Sacó un poco de yodo, vertió unas cuantas gotas en un vaso con agua hasta que se tiñó de marrón oscuro, y arrojó una de las pastillas. En cuestión de segundos, el agua volvió a ser completamente transparente.
Alejandro entró en la recámara en ese momento y, al ver la expresión seria en el rostro de Elena, le preguntó:
—Elena, ¿pasó algo?
Como estaban solos en la casa, Elena no se anduvo con rodeos:
—Alguien cambió mis medicinas.
Alejandro frunció el ceño de inmediato y su rostro se tensó:
—Pondré a alguien a investigar de inmediato.
Últimamente, la única persona que había tenido acceso a la casa era la señora Santini.
Al tener un círculo de sospechosos tan pequeño, fue muy fácil descubrir la verdad.
Cuando se enteraron de que el problemático hijo de la señora Santini acababa de ser aceptado en una de las mejores preparatorias de Ciudad del Río, todo cobró sentido: la mujer había sido sobornada.
Y el primer nombre que cruzó por la mente de Alejandro fue el de su propia madre.
Con el rostro oscurecido por la rabia, murmuró:
—Voy a tener una charla con Paloma.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....