Cuando la señora Vargas se enteró de lo sucedido, no tardó en llamar a Alejandro. Fiel a su estilo, no creía que Isidora hubiera hecho nada malo, y su tono fue sumamente agresivo:
—Tú le rompiste el corazón primero a Isidora, ¡es normal que buscara vengarse! Además, solo fueron pastillas de vitamina C, nunca tuvo la intención de lastimar físicamente a Elena. ¿De verdad vas a hacer tanto drama por una tontería?
Alejandro respondió con dureza:
—Isidora y yo nunca tuvimos nada. Fuiste tú quien le metió esas fantasías en la cabeza y le dio falsas esperanzas de unirse a la familia Vargas. Si esa mujer tiene problemas mentales, es por tu culpa, no mía. Y más le vale dar gracias al cielo de que solo era vitamina C; si hubiera tocado un solo cabello de Elena, no me habría conformado con echarla de Ciudad del Río.
Sin argumentos para debatirle, la señora Vargas no tuvo más remedio que tragarse su orgullo y ver cómo Isidora era expulsada de la ciudad.
Sin su aliada y con la anciana Carmona también fuera de la jugada, no le quedaba a quién manipular. Sumado a la migraña que le había provocado pelear con Alejandro, terminó haciendo sus maletas y regresando a Ciudad del Norte.
Dante, al conocer la verdad, no movió un dedo para proteger a Isidora.
Para él, las cosas eran simples: si cometías un error, asumías las consecuencias.
En el fondo, le dolía. Esa chica es tan inteligente... ¿Por qué arruina su vida con obsesiones amorosas?, pensaba. Si tan solo usara todo ese ingenio en los negocios...
Hugo, al ver la apatía de Dante, se enfureció.
—¿Acaso la tratas con tanta frialdad porque no lleva tu sangre? —le reprochó—. ¡Esa Elena Navarro la pisoteó frente a todos y tú ni siquiera fuiste capaz de defenderla!
Dante lo miró con calma, pero con firmeza:
—Hugo, la forma en que yo educo a mi hija no es asunto tuyo.
—¿Te crees que me divierte meterme? —bramó Hugo—. ¡Si me importa es porque esa niña es la hija de Bianca! Eres un irresponsable. Cuando Bianca despierte y vea cómo permitiste que humillaran a su niña, se le romperá el corazón.
Dante suspiró:
—Se nota que no conoces a Bianca en absoluto. Ella es una mujer de principios inquebrantables. Si se entera de lo que hizo Isidora, sería la primera en castigarla.
Ese recordatorio del pasado con Bianca fue como una bofetada para Hugo. Con un nudo en el pecho, perdió las ganas de seguir discutiendo y se largó de ahí, echando humo.
Justo en ese momento, Elena, que venía a visitar a la señora Valverde, se cruzó con el enfurecido hombre.
Al verla, Hugo no pudo contener su bilis y descargó su furia contra ella:
—Elena, sabías perfectamente lo que había entre Isidora y Alejandro, y aun así te metiste en su relación. ¿No te da asco ser tan rastrera?

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