—¿Amelia? ¿Estás enferma? —preguntó Elena.
Amelia, que llevaba unos resultados médicos en la mano, negó rápidamente:
—No, no soy yo, es Héctor. Hubo un incendio en su edificio de oficinas hace unos días. El fuego se salió de control tan rápido que tuvo que saltar desde el segundo piso para salvar su vida. Se fracturó el pie izquierdo, así que vine a cuidarlo.
Elena se quedó helada al escuchar la noticia.
Como Héctor también era un buen amigo suyo, decidió acompañar a Amelia hasta su habitación.
Al verla entrar, Héctor la saludó con una sonrisa amable:
—Señorita Navarro.
Después de preguntarle cómo se sentía y revisar su yeso, Elena fue al grano:
—¿Ya saben qué provocó el incendio?
Héctor frunció el ceño:
—Aún no. En nuestro piso no guardamos ningún material inflamable y nadie fuma en las oficinas. Sinceramente, es un misterio de dónde salió el fuego.
Amelia intervino, indignada:
—¡Y lo más sospechoso de todo es que Héctor era el único en la oficina ese día! Todos los demás habían salido. Te juro que empiezo a pensar que fue provocado... ¡Alguien intentó matarlo!
Héctor suspiró y negó con la cabeza:
—No seas dramática. Llevo una vida de lo más tranquila, no me he metido con nadie. ¿Quién iba a querer hacerme daño?
Pero a Elena, toda la situación le dio mala espina.
Esa noche, al volver a casa, le contó todo a Alejandro.
—¿No crees que es demasiada casualidad? ¿Y si lo de Héctor no fue un simple accidente?
No entendía el porqué, pero sentía un cariño casi fraternal por Héctor, y la sola idea de que alguien quisiera lastimarlo le revolvía el estómago.
El corazón de Alejandro dio un vuelco al conectar las piezas en su mente, sospechando lo peor.
Sin embargo, mantuvo su rostro tan sereno como un lago:
—Tal vez alguien le tiene envidia en los negocios y quiso jugarle sucio. Si eso te deja más tranquila, mandaré a mi gente a investigar.
Elena se iluminó al escuchar que él estaba dispuesto a ayudar.
Pero rápidamente aclaró las cosas para evitar celos absurdos:
—Oye, que Héctor y yo solo somos buenos amigos, ¿eh? Me preocupo por él como lo haría por cualquiera, así que no te vayas a armar películas en la cabeza.
Alejandro sonrió y le dio un beso suave en los labios:
—Tranquila, mi amor, confío en ti a ciegas.
La sangre es algo fascinante..., pensó Alejandro mientras la abrazaba. Hizo que la señora Valverde amara a Elena al instante, y ahora conecta a Elena con Héctor como por arte de magia.
Pero un escalofrío le recorrió el cuerpo.
Si quien provocó el incendio sabía de los verdaderos orígenes de Héctor, ¿significaba que también conocían los orígenes de Elena?
De ser así, ella corría un peligro inminente.

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