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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 492

Estaba prohibido entrar al laboratorio con el celular, así que Elena no tenía cómo contactar a sus compañeros para preguntar el motivo del apagón.

Buscó una linterna a su lado y estaba a punto de encenderla, cuando escuchó el sonido de la cerradura electrónica desbloqueándose en la puerta.

El laboratorio en el que trabajaba ese día era un área estéril de alto nivel; solo se permitía el ingreso de un operador a la vez. Sus compañeros ya habían revisado el cronograma de uso, por lo que nadie debía entrar hasta que ella terminara. Nunca antes había sucedido que alguien entrara sin avisar.

De pronto, escuchó pasos acercándose.

Todos los que ingresaban debían ponerse calzado estéril, el cual no hacía ruido al caminar. Sin embargo, aquel intruso llevaba zapatos normales.

Además, le pareció escuchar la respiración pesada de un hombre.

El recuerdo de la fotografía de luto invadió su mente y un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Era obvio que ese hombre no era uno de sus colegas; si había entrado allí, seguro sus intenciones no eran buenas.

Recordando que el laboratorio contaba con un sensor de fugas de gas, se movió a tientas hasta encontrar un cilindro de nitrógeno y abrió la válvula.

Segundos después, la alarma ensordecedora resonó por todo el piso.

Las luces rojas de emergencia también empezaron a destellar.

El hombre se asustó con el estruendo y salió corriendo hacia la puerta.

Justo después, Elena escuchó las voces de Santiago y otro compañero, Julian, desde la entrada.

—¿Elena, estás bien?

Al escuchar sus voces, la tensión de Elena por fin cedió.

Caminó hacia la puerta y, al ver a Santiago con una linterna, le preguntó de inmediato:

—¿Vieron a alguien más cuando venían hacia acá?

—No, solo estábamos Julian y yo —negó Santiago, confundido—. ¿Por qué?

Elena no entendía nada. Era imposible que hubiera imaginado esos pasos.

Se acercó a la cerradura electrónica para revisar el registro, pero el panel indicaba que nadie había ingresado una contraseña recientemente.

Luego verificó las cámaras de seguridad integradas en la puerta, pero tampoco mostraban a nadie entrando al laboratorio.

Elena se quedó helada.

Al ver su expresión de terror, Santiago le preguntó preocupado:

—Elena, ¿qué te pasa?

—Escuché los pasos de alguien claramente, ¿por qué no hay ningún registro?

—¿No crees que quizás te lo imaginaste?

—Es imposible que me haya equivocado.

—A lo mejor la cerradura electrónica falló —trató de razonar Santiago—. En un rato podemos revisar las cámaras de seguridad de los pasillos. Si un extraño entró a nuestro laboratorio, seguro quedó grabado.

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