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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 491

Al notar que Diego seguía pendiente de Elena, Adriana intentó recuperar su atención sacando el tema de su hijo.

—Diego, has estado trabajando sin parar últimamente y apenas has visto a Maxi. ¿Qué te parece si este sábado vamos los tres al parque a tomar un poco de sol?

El mal humor de Diego era evidente, así que le respondió con desgana:

—Mi mamá y la niñera ya lo sacan al sol todos los días. No hace falta que vayamos nosotros.

—Pero nosotros somos sus padres —insistió Adriana—. Necesitamos pasar tiempo con él, crear un vínculo.

—Mi única función en su vida es guiarlo para que herede mi imperio y se posicione en la cima —respondió él con arrogancia—. De cuidarlo y de esas tonterías se encargan ustedes, las mujeres.

Adriana, incapaz de convencerlo, sintió una profunda frustración.

A pesar de estar casada con él, no tenía derecho a opinar sobre su vida privada ni sobre su dinero, y encima tenía que obedecerlo en todo.

Ese matrimonio era una cárcel asfixiante.

Pero no podía dejarlo. Su única esperanza era que la llegada del segundo bebé ablandara un poco su corazón.

***

Elena y Alejandro regresaron a casa.

En la entrada, Elena vio un paquete y lo recogió sin darle mucha importancia.

Buscó unas tijeras para abrirlo y notó que la caja era muy ligera. Le pareció extraño; lo único que había comprado por internet recientemente era un par de tenis, y esa caja era demasiado pequeña para eso.

Sin embargo, su nombre estaba claramente escrito en la etiqueta.

Al abrirla, sus pupilas se dilataron de terror e instintivamente arrojó la caja al suelo.

—¿Qué pasa? —preguntó Alejandro, acercándose de inmediato.

Al ver el contenido, su rostro se volvió de hielo.

Dentro de la caja había una fotografía de Elena, editada para que pareciera una foto de luto, con un montón de insultos y maldiciones escritas encima.

Alejandro volvió a meter todo en la caja, salió y se la entregó a Bruno.

—Averigua quién envió esto.

Bruno asintió y se llevó el paquete.

Cuando Alejandro regresó, vio que Elena seguía pálida. Se acercó a ella y la envolvió en un abrazo.

—Cuando descubra quién fue el gracioso, te juro que lo haré pagar.

Elena respiró hondo, tratando de calmarse.

—Ya estoy bien. Pero esa persona debe odiarme muchísimo para mandarme algo así justo el día de mi cumpleaños. —Hizo una pausa, pensativa—. ¿Crees que haya sido Adriana?

Con Isidora fuera de la ciudad, Adriana era la única que no soportaba verla feliz.

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