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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 890

Él sonrió y trató de explicarse:

—La directora Navarro no tiene por qué enfadarse tanto. El director López, el director Méndez y el director Quiroga han estado muy ocupados con unos proyectos estos últimos días. Es posible que hayan decidido tomarse el día libre al mismo tiempo, y por eso no pudieron localizarlos. Hablaré con ellos, no hay necesidad de llegar al extremo de despedirlos.

Elena miró el sistema de recursos humanos de la empresa en su computadora.

—Si están en su día libre, ¿por qué no siguieron el proceso oficial para solicitar permiso? ¿O acaso en su departamento, director Herrera, los empleados no necesitan seguir el protocolo y basta con su aprobación verbal?

Bajo la mirada gélida de Elena, Vicente sintió que un sudor frío le empapaba la espalda.

—No... no es así. Tal vez hubo un problema con el sistema, voy a revisarlo de inmediato... pero estoy seguro de que ellos completaron el trámite correspondiente.

Elena asintió lentamente.

—Ya veo. Sin embargo, tengo entendido que el sistema de recursos humanos está conectado directamente con la sede central del Grupo Vargas, por lo que no debería fallar tan fácilmente. Siendo así, creo que tendré que hablar con el director de tecnología de la sede. Me pregunto por qué, si el sistema de Bruma Alta tiene fallos, ellos no lo han solucionado aún.

Vicente empezó a temblar.

Si Elena realmente hablaba con el director de tecnología de la sede, Vicente se ganaría a un enemigo poderoso en la central.

Ellos pensarían que él estaba intentando culparlos por sus propios errores.

Para protegerse, decidió que no valía la pena arriesgar su cuello por cubrir las espaldas de López, Méndez y Quiroga.

Recobró la compostura y dijo con seriedad:

—Quizás mi memoria me falló, el sistema funciona perfectamente. Es muy probable que el director López, el director Méndez y el director Quiroga hayan olvidado solicitar el permiso. Tiene usted toda la razón, directora Navarro. Me encargaré de rescindir sus contratos de inmediato.

Elena asintió y añadió con voz firme:

—Director Herrera, valoro mucho la eficiencia. Si antes de que termine el día no ha avanzado con este asunto, consideraré reemplazarlo a usted también.

Vicente la miró; su actitud arrogante se había esfumado por completo.

Con el rostro pálido, respondió:

—Sí, directora Navarro. Resolveré esto lo más rápido posible.

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