No querían gastar su dinero. Decían que lo guardara para su boda.
Ella no se rindió: pensó que cuando se les pasara la necedad, los llevaría.
Así que no pensaba vender la casa.
Que estuviera vacía, ni modo. No le urgían esos diez mil millones.
Pero una hora después, Lorenzo volvió a marcar.
—Jefa, dicen que la quieren sí o sí. Su jefe está enamorado del diseño. De toda la ciudad, solo le interesa esa. Me pidió que lo platicara otra vez contigo.
Cecilia soltó una risita.
El de atrás sí tenía buen ojo.
Le gustaba justo el mismo estilo que a ella.
Pero…
—No la vendo.
—Jefa… también dijeron que es un regalo para la persona que ama. Suben la oferta dos mil millones. Dicen que el jefe está muy enfermo y que esa persona no se ha despegado de él; quiere dejarle la casa para que pasen ahí el tiempo que les queda y le quede un recuerdo bonito.
—Que la ama tanto que haría lo que fuera… Jefa, suena triste. La verdad, está medio de película. Y no se van, quieren negociar en serio. ¿Y si lo consideras? Para hacerles el paro.
Cecilia no sabía si esa historia era real.
Pensó un momento y dijo:
—Está bien. Véndela. Total, si quieren pagar de más…
Doce mil millones ya era muchísimo más de lo que valía.
Y si luego sus papás cambiaban de opinión, compraba otro terreno y diseñaba otra.
***
Al día siguiente.
Saúl fue personalmente a ver la casa.
Dante ya había hecho todos los trámites y le entregó las escrituras.


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