—Ni yo sé. Me marcó y me dijo: “Se me fue… ven, acompáñame un rato para despejarme”. Hablaba bajito, como aguantándose el llanto. Yo entendí que se le había muerto alguien.
—¿Y qué hiciste?
—Fui a la florería. Compré una corona fúnebre y un ramo de crisantemos y me fui a su casa. Apenas me vio con eso, se puso furiosa, me sacó a gritos. Me dijo que yo estaba mal de la cabeza… que le daba asco.
Cecilia se quedó sin palabras.
Marina alzó la mano como si fuera a soltarle un golpe, pero al final la bajó.
—¡No inventes, Adrián! ¿En qué estabas pensando?
Cecilia se rio un poco.
—Mamá, no te enojes. Adrián es demasiado inocente. No entendió lo que ella quiso decir.
Adrián, todavía hecho bolas:
—¡Pero si ella dijo “se me fue”! En mi pueblo, cuando “se te va alguien”, llevas corona y flores… ¿qué tiene de malo?
Cecilia le dio unas palmaditas en el hombro.
—Adrián… no estaba hablando de un muerto. Te lo dijo como indirecta: era algo íntimo de mujeres. Se sentía mal y solo quería que fueras a acompañarla, no que llegaras con cosas de velorio.
—¿Ah… sí?… Yo pensé otra cosa —Adrián se rascó la cabeza.
Hasta entonces entendió en qué la había regado.
—A ver, Adrián: mándale un WhatsApp a Macarena y explícale. Yo creo que te va a perdonar —propuso Cecilia.
—¡Va! —Adrián sacó el celular y le escribió por WhatsApp.
Redactó un montón de disculpas, pero… ¡no se enviaban!
—Hermanita, Macarena ya no me contesta. ¡Ahora sí, seguro es en serio, de verdad me cortó! —dijo Adrián, desesperado.
Se veía que Macarena estaba bien enojada.
—Entonces márcale y explícale.
Adrián le llamó de volada y descubrió que lo había bloqueado.

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