—Maribel Cabrera, te pido que recuerdes muy bien lo que dijiste hoy. ¡El día que llegue a la cima, lo primero que haré será despedirte y hacer que te arrodilles suplicando perdón!
—¡Jajaja! ¡Me matas de risa! —no pudo evitar decir Mónica Fonseca.
—Aarón, ¿tu idea de llegar a la cima es convertirte en el yerno mantenido de la familia Fonseca? ¡Qué bien se te da vivir de las mujeres! Te lo advierto, ¡el que está soñando eres tú! ¡Ya te tocará llorar!
—¡Hmph! Qué boquita tienes, ¡ya veremos si sigues riendo cuando llegue el momento!
Aarón había estado muy arrogante en los últimos días.
Muchos colegas en la empresa pensaban que se convertiría en el yerno de la familia Fonseca, así que lo adulaban a escondidas.
¡Todos los días había alguien invitándolo a comer!
Realmente se creía alguien importante.
Poco después, Aarón recibió una llamada de Leticia Herrera.
—Leticia, ¿por qué no has venido a trabajar en estos dos días? ¿Tu familia te tiene muy controlada? —preguntó Aarón con ansiedad.
Había estado tan ocupado yendo a comidas y reuniones que no se había preocupado por los asuntos de Leticia.
En el teléfono, Leticia lloraba a mares:
—¡Aarón! ¡Ay, Aarón!
Al escuchar sus sollozos, a Aarón se le encogió el corazón de inmediato.
—Leticia, cuéntame si pasa algo, ¿qué tienes? ¿Por qué lloras? ¡Me duele en el alma! Escucharte así me parte el corazón.
Leticia, conmovida, respondió entre sollozos:
—Aarón, yo... me escapé de mi casa.
—¿Cómo que te escapaste de tu casa? ¿Dónde estás ahora? ¡Voy a buscarte de inmediato!
Leticia le explicó que estaba en un hotel y que no había salido de allí en varios días.
Al enterarse de esto, a Aarón ya no le importó el trabajo; pidió permiso enseguida y se dirigió al hotel.
—¡Por supuesto que no! ¿Cómo podría rechazarte? Yo te amo por lo que eres, no por el dinero de tu familia. Así que, regreses o no, ¡yo te sigo amando!
Dicho esto, Aarón la besó.
La levantó en brazos, la recostó sobre la cama y se abalanzó sobre ella, incapaz de contenerse.
Su cuerpo ya se había recuperado por completo.
Leticia se resistió un poco al principio, pero con el rostro sonrojado terminó cediendo, y ambos se entregaron a la pasión en la habitación.
Después de un largo rato de intensidad, Leticia descansaba desnuda entre los brazos de Aarón.
—Aarón, casi me desarmas de tanto movimiento.
—¡Eso demuestra lo fuerte que soy! —respondió Aarón con una sonrisa.
En realidad, se había tomado una pastilla a escondidas.
De lo contrario, esta mujer iba a terminar exprimiéndole hasta la última gota de energía.

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