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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 848

—De acuerdo, ya se resolvió lo de los huesos. Ahora, Thiago, ayúdanos a arreglar lo de la herencia. ¡Facundo se quiere aprovechar solo porque es el mayor! —se apresuró a decir Patricio.

Al mencionar la herencia, Facundo y Patricio volvieron a gritonearse al instante.

—¡Cállense ya! Nuestra madre acaba de fallecer, su cuerpo aún está en la morgue del hospital, y ustedes ni siquiera piensan en cómo organizar el funeral. ¡Tienen la desfachatez de seguir peleando por la herencia! ¡Qué decepción! ¿Acaso quieren que sus hijos los traten así el día de mañana? —los regañó Thiago.

Todos bajaron la cabeza en silencio, pero en el fondo nadie estaba conforme.

—Lo primero será encargarnos de darle sepultura a mamá. Mucha gente de fuera nos está observando. ¿No van a dejar ni un poco de dignidad para la familia Galindo? ¿Quieren que todos se burlen de nosotros?

—Siendo así, hermano, haremos lo que digas. Primero el funeral y luego arreglamos lo demás. Pero que quede claro: antes de repartir la herencia, ¡nadie puede tocar nada de la casa a escondidas! —advirtió Patricio, dando un paso al frente.

Ante esto, nadie tuvo ninguna objeción.

Poco después, Cecilia y Thiago se fueron de la casa.

De todos modos, no querían ni un solo peso de ese lugar.

Facundo y Patricio empezaron a sentir que el lugar estaba maldito. Preferían rodear la zona y ya no se atrevían a acercarse al estudio.

Tras llegar a un acuerdo en este asunto, los tres hermanos lograron organizar juntos el funeral de la anciana sin contratiempos.

Una vez concluido el sepelio, ella fue enterrada en el cementerio.

A Facundo y a Patricio no les importó mucho el protocolo y decidieron poner la tumba justo al lado de la de Leonel.

Probablemente ella nunca imaginó que, al morir, encontrarían los restos de Leonel y los pondrían junto a su sepultura.

Terminó al lado del hombre que más odiaba en la vida, viéndolo todos los días.

Después de arreglar los asuntos funerarios, comenzó la repartición de bienes.

—Tío Patricio, tú también puedes dividirlo, pero si lo haces tú, el tío Facundo será quien elija primero.

—Eso... ¿no puedo elegir yo primero?

Al escuchar esto, hasta Thiago no pudo evitar mirarlo de reojo.

¿Cómo podía decir algo tan descarado sin inmutarse?

—¡Eres un codicioso, Patricio! Quieres dividir la herencia y encima elegir primero. ¡Qué descaro! Como dijo el hermano mayor, ¡yo divido y tú eliges!

Al final, ambos bandos tuvieron que aceptar el trato.

Pronto, Patricio preparó un inventario completo de todos los negocios de la familia Galindo, además de las propiedades y el dinero a nombre de la anciana.

Luego, lo dividió todo en partes iguales y dejó que Facundo eligiera.

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