—¿Mudarnos? ¿Por qué?
Clara miró la mansión donde habían vivido más de diez años.
—Ya vendí esta casa y compré un departamento. Con eso nos alcanza para vivir todos.
—¡¿Qué?! ¿Un departamento? —Noa se quedó en shock.
Pasar de una mansión a un departamento… no lo podía aceptar.
¡Ella era una señorita de dinero!
Ya había probado lo que era vivir con lujos, ¿y ahora esto?
Tenía que ser una pesadilla.
—Mamá… ¿cómo acabamos así? —Noa se soltó llorando.
—A Bruno lo vetaron. En el medio ya no puede trabajar y, además, dejó un montón de deudas. Si no pagamos, ¿quieres que termine en la cárcel?
Noa se vino abajo.
¿De qué servían sus hermanos si ninguno daba una?
—Y tu papá se enfermó del coraje; está internado. La cuenta del hospital también es una carga. Noa, mi niña… por un tiempo vas a tener que aguantar.
Noa sintió como si se le hubiera ido el alma del cuerpo.
¿Aguantar?
¡Si ya había aguantado demasiado!
Desde que nació, su vida estuvo cambiada.
Y ahora que por fin había regresado a una familia rica, ni un año duró antes de que se le rompiera el sueño.
¿Entonces cómo iba a presumir?
Se había enviciado con esa vida.
En TikTok todo mundo le decía “la mini millonaria” y le pedían que los mantuviera.
No… no quería.
…
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