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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 358

Teresa estaba temblando. Ver a Cecilia pelear así casi la desmaya del susto.

—Estoy bien. Voy a hablarle a Sebastián para que venga por ti.

Sebastián, al enterarse de que Teresa estaba a salvo, se emocionó como loco.

En cuanto llegó, la abrazó y se la llevó.

—Tú también vete —le dijo Cecilia a Zacarías.

—Jefa… ¿segura que puede sola?

—Sí. Ya he pasado por peores. El objetivo de Lobo soy yo. Martina no le sirve para nada; solo la está usando para presionarme.

—Está bien. Si sabe algo, avíseme.

Zacarías se fue.

Ya eran las dos de la mañana.

Cuando Zacarías volvió a la mansión, se pasó la mano por el cuello: se había cortado sin darse cuenta.

Iba a subir a su cuarto a limpiarse cuando Mónica bajó las escaleras.

—¿Y tú qué? ¿A estas horas andas de vago?

Zacarías sonrió, despreocupado.

—¿Me andabas esperando o qué?

—Ni que me importaras. Pero me preocupa que andes haciendo tonterías y me salpiques. No estás en la casa y sales a estas horas… ¿a qué?

Mónica lo miró con más atención y vio la herida.

—¿Te agarraste a golpes?

—Hubo un detalle.

—Qué inútil. Tú que siempre tan muy acá… y mira nada más. Te dejaron así. Al rato va a resultar que no eres para tanto.

Zacarías se quedó callado.

Era Lobo.

Un pez gordo de la Organización Lince.

Y sus hombres eran veteranos de verdad.

Él y su jefa ya habían hecho lo que podían; si hubiera sido cualquier otro, ni se enteraba cómo lo mataban.

—¿Y ahora por qué no dices nada? Mira: tú eres un broncudo. Ni se te ocurra andarme metiendo en problemas. Si no, le digo a mi papá —siguió Mónica.

—No te voy a meter en nada.

Zacarías se dio la vuelta y se metió a bañarse.

A Mónica le dio más coraje verlo tan campante.

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