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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 357

Lobo tronó los dedos y sus hombres las sacaron.

Las dos traían las manos amarradas atrás.

—¡Cici, vete! ¡Son gente mala! ¡Cici, vete, por favor! ¡Cici! —gritó Teresa, desesperada.

Estaba muerta de miedo por su hermana.

Martina, al ver a Cecilia, sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Cecilia… ¿tú… tú por qué viniste? ¡No te metas por mí!

¿Cómo no iba a meterse?

Una era su propia hermana, y la otra su amiga.

La única amiga que tenía en su vida.

—Lobo, si quieres algo, es conmigo. Suéltalas.

—Lince, por los viejos tiempos, te voy a soltar a una. Tú eliges. De ellas dos… ¿a cuál salvas?

La mirada de Cecilia se volvió helada, sin una sola emoción.

Lobo sonrió, como si estuviera disfrutándolo de más.

—¡Cici, no te preocupes por mí! ¡Teresa no tiene miedo! ¡Con que tú estés bien! —le gritó Teresa.

—Teresa… —Cecilia la miró y apretó los puños.

Ella les había dado una vida mejor a los Galindo…

pero también les había traído problemas que no tenían por qué cargar.

Su identidad era un imán para el desastre. Ella no estaba destinada a una vida normal.

—Te doy un minuto para decidir —dijo Lobo.

Luego ordenó que amarraran a Teresa y a Martina con cuerdas y las aventaran al agua.

Arriba, sus hombres sostenían las cuerdas.

—¡Mmm… mmm…!

Las hundieron hasta que el mar les tapó la cabeza… y luego las jalaban de vuelta.

Una y otra vez. Pura tortura.

—¡Lobo, te voy a matar! —escupió Cecilia, con los dientes apretados.

—Ni te muevas. Si das un paso, mando cortar las cuerdas y se van al fondo las dos.

Lobo sonrió, retorcido.

—Voy a contar hasta tres. Si no eliges, elijo yo.

—Uno… dos…

Lobo vio que la cosa se le estaba volteando y ordenó retirada.

Se subieron al barco para largarse.

Cecilia quiso brincar para rescatar a Martina, pero ya era tarde.

Lobo se la llevó.

Con la mirada llena de furia, Cecilia se lanzó al agua para perseguirlos.

Zacarías la detuvo a la fuerza.

—¡Jefa, no! ¡No los alcanza! ¡No los alcanza!

—¡Lo voy a matar! —rugió Cecilia.

Lobo… ese traidor.

—Jefa, cálmese. Si se llevó a la señorita Martina, es porque todavía la va a buscar a usted. Vamos a tener otra oportunidad.

Al final, Cecilia solo pudo ver cómo el barco se alejaba hasta perderse en el mar.

—Teresa, ¿estás bien? —Cecilia fue a revisarla.

—Cici… ¿y tú? ¿Estás bien? Hace rato, cuando peleaste con ellos… ¿no te lastimaron? —preguntó Teresa, angustiada.

***

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