En Grupo Fonseca.
Después de comer, Mónica no regresó a la oficina a descansar.
Se metió a escondidas hacia el área de cocina.
Tenía que encontrar pruebas. Si revisaba ahí, seguro sacaba algo.
Con pruebas ya podría denunciarle a Damián lo que estaba pasando en el comedor.
Cuando llegó, vio que la puerta estaba cerrada… y con candado.
Le movió, pero no pudo abrir.
En eso, escuchó voces y pasos acercándose.
Se puso nerviosa.
—Ven —apareció Zacarías de la nada, la agarró de la mano y la jaló para esconderse.
Mónica lo miró, confundida.
—¿Tú… tú qué haces aquí?
—Shh… —Zacarías le hizo una seña para que se callara.
Los pasos estaban cada vez más cerca. Eran dos empleados con uniforme de cocina.
—A estas horas todos se van a descansar. ¿Quién va a venir a la cocina? El Supervisor Jara sí que exagera.
—Nomás revisa y ya. Está con candado, la llave la traemos nosotros; no hay manera de que se metan. Pero con lo que pasó antier, más vale prevenir.
—Va.
Revisaron el candado, vieron que todo estaba bien y se fueron.
Cuando se alejaron, Mónica y Zacarías salieron.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó Mónica.
—Soy tu guardaespaldas. ¿Qué tiene de raro?
Mónica ni ganas tenía de discutir. Volvió a forcejear con el candado y, sin llave, no hubo manera.
—¿Quieres entrar? —preguntó Zacarías.
—Pues claro. ¿Cómo voy a encontrar pruebas si no entro?
—Por allá hay una ventana. Se puede entrar por ahí. ¿Quieres intentar?

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