—Dulce.
—Cici… estás jugando con fuego, ¿sabes? Me da miedo no poder controlarme.
Cecilia sonrió, segura de sí.
—No. Sí puedes.
Dicho eso, lo soltó y se dio la vuelta para bajar.
Saúl: “…”
Esa mujer lo provocaba… y luego se iba.
Y el que se quedaba sufriendo era él.
Cecilia llegó abajo y vio a Marina mirando a Adrián con preocupación.
—¿Ya volvió Adrián?
Marina, al verla, se acercó de inmediato y le agarró la mano.
—Cici… ¡qué mala suerte tiene Adrián! —se le quebró la voz.
—¿Qué pasó?
—¡Otra vez lo cortaron!
Cecilia: …
Ella pensó que esa relación iba a durar, sobre todo porque Daniela se había fijado en que los Galindo tenían dinero.
No imaginó que se acabara tan rápido.
Adrián traía una cara de tristeza… como si se le hubiera venido el mundo encima.
—Adrián, ¿qué pasó? ¿Por qué Daniela te terminó? ¿Qué hiciste ahora?
Adrián levantó la cabeza, con cara de no entender nada.
—¿Yo qué voy a saber? Hoy dijo que venía a verme… y de repente se enojó y se fue. ¡Y me dijo que ya no quería nada!
Por lo que se supo, Daniela fue a la fábrica de electrónicos para ver dónde trabajaba Adrián.
Como Thiago era el gerente general y era negocio de los Galindo, ella quería darse una vuelta.
Pero cuando llegó, vio a Adrián en la entrada… con uniforme de guardia.
Se quedó helada.
—Adrián… ¿por qué vienes vestido así? —preguntó, sin entender.
—Pues estoy trabajando. ¿A poco no se ve chido? —dijo Adrián, emocionado.
—¿Tú… tú eres guardia?
Ahí fue cuando Daniela se enteró de cuál era su trabajo.
Ella sabía que Thiago era el gerente general; pensó que el hijo del jefe, mínimo, sería supervisor o algo administrativo…

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