Incluso le dio un beso en el cabello.
A Cecilia se le apretó el pecho; se dio la vuelta para irse.
En eso, la mujer salió.
—¿Y tú quién eres? —preguntó.
Cecilia volteó. Era una mujer de facciones finas, con el pelo lacio; se veía dulce y muy arreglada.
—¿Y tú quién eres? —reviró Cecilia.
—Me llamo Alicia Calderón. Soy la asistente personal de Saúl. ¿Tú trabajas aquí? ¿Qué haces aquí? Esta es la oficina del director; no es lugar para ti.
Alicia…
Cecilia no había oído ese nombre.
¿En qué momento Saúl tenía a una mujer así a su lado?
Como Cecilia no respondió, Alicia le habló más duro:
—Ya vete. Y no regreses. No creas que por pasearte frente al director te va a voltear a ver.
Cuando Cecilia se fue, Alicia regresó a la oficina.
Vio que el saco se había resbalado, lo levantó y se lo volvió a acomodar a Saúl.
Esta vez, Saúl despertó.
Al verla, se notó sorprendido.
—¿Tú qué haces aquí?
Alicia sonrió.
—Saúl, ya volví. Ya hablé con tu papá. Regresé a trabajar al Grupo Rivas. A partir de hoy, soy tu asistente.
—¿No estabas a gusto afuera? ¿Para qué volviste?
—En todo este tiempo que estuve estudiando, no dejé de pensar en ti. ¿Me guardas rencor por haberme ido aquel año? Yo no tuve opción… La señora no quería que me quedara. De verdad no podía hacer nada. Cuando supe que estabas mejor, me la pasé esperando el día de volver.
Alicia lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
Se acercó y lo abrazó.
—Saúl, perdón. Debí volver antes… Perdón…
Saúl la apartó.

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