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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 43

—¡Gracias, Benjamín! ¡Gracias!

Algunos hasta lloraban del miedo.

Ese Camilo… daba terror.

Cecilia se puso de pie y le dio una palmada a Benjamín.

—Ya te desquitaste. Vámonos.

Benjamín se pegó a ella de inmediato.

Camilo también salió.

Federico y los suyos, medio sosteniéndose, se fueron detrás de Camilo.

Del lugar, Camilo dejó gente encargada para arreglar el desastre.

Afuera ya era de noche.

Era la orilla de la ciudad, nada de zona bonita. Los postes apenas alumbraban; se notaba que ni habían terminado de instalar todo.

Cecilia vio que Camilo seguía atrás y le dijo a Benjamín:

—Espérame aquí tantito.

Luego caminó hacia adelante.

Camilo se fue tras ella.

Cuando estuvieron lo bastante lejos como para que no los oyeran, Camilo frunció la boca y soltó:

—Jefa…

—¿Así controlas a tu gente? —le reclamó Cecilia.

—Jefa, tengo un montón de gente… no puedo estar encima de todos. Federico es un don nadie. Yo ni sabía que se había metido con usted. Perdóneme, jefa…

Mientras hablaba, bajó la mirada y se rascó la nuca con nerviosismo, como niño regañado.

Benjamín, y también Federico y los demás, se quedaron en shock.

¿Era neta?

¿El tipo “de miedo” estaba… coqueteándole a Cecilia?

—Jefa, si quiere, pégueme para que se le baje el coraje… —insistió Camilo.

Cecilia lo miró con cara de “ya cállate” y levantó la mano, con ganas reales de soltarle un golpe.

—Ándele, ándele… —Camilo se puso peor—. Ya tenía rato sin que me pusiera en mi lugar… hasta se extraña.

Cecilia se quedó sin palabras. Alcanzó a ver a la bola de gente atrás y bajó la mano.

Por cómo se puso Camilo, no parecía “nomás conocidos”.

—Ya estuvo. Vámonos. Mi mamá se va a preocupar.

—No. Yo no regreso —soltó Benjamín de golpe.

—¿Y ahora qué?

—Mírame cómo traigo la cara. Si llego así, me van a regañar y aparte se van a angustiar.

Cecilia lo revisó y sacó un frasquito de pomada del bolsillo.

—Te voy a poner esto. Disimula los golpes, no se ven tan feos. Ya en la casa, yo me encargo. Tú tranquilo.

Benjamín asintió.

Cecilia le fue poniendo la pomada con cuidado, poquito a poquito, sobre los golpes.

Aunque era su hermano, ya estaba de su estatura.

—Gracias, Ceci. Eres bien buena… No como Noa, que siempre se peleaba conmigo. Tenía una boca bien pesada —se quejó Benjamín.

—¿Se peleaban seguido? —preguntó Cecilia.

—Sí. Con todos se peleaba. Hasta a mi mamá la insultaba. Daniel y Teresa la caían mal, pero aun así le compraban cosas… y a mí nunca me tocaba nada. Y conmigo se pasaba, me decía de todo. Por eso, cuando supe que tú ibas a venir en su lugar, yo pensé que tú también ibas a ser igual que ella…

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